A solas ante el Universo

“LA LA Land” y “Hogar, dulce hogar”

            Vivir lejos de casa y de tu cultura es un reto algunas veces, pero si hay algo que me gusta de vivir a 8000 km de casa es tener la posibilidad de conocer lugares que antes parecían remotos por tiempo y por dinero. Una ventaja extra de dedicarse a la investigación es que te brinda la oportunidad de hacer muchos amigos de muchos lugares diferentes, que en el futuro estarán esparcidos por otros rincones de la Tierra, y que siempre serán los mejores anfitriones.

A mediados del verano de 2017 yo vivía contando los días que me faltaban para volver de vacaciones a España. Sentía que nunca antes había necesitado tanto unas vacaciones. Ya me quedaba menos de un mes. Mientras tanto, aprovechando la ausencia de mi jefe y casi del resto  del departamento, me decidí a ir a visitar unos días a mis amigos Eduardo y Albert a Pasadena. Pasadena es una ciudad al lado de Los Ángeles (LA como la llaman los americanos), que tiene una serie de institutos de investigación en astronomía (y otras disciplinas) muy importantes en el mundo (Caltech, Carnegie, JPL, IPAC, etc), y allí tienen la suerte de estar mis amigos.

Desde el avión Los Ángeles es gigante, se extiende más allá del horizonte hasta perderse en todas direcciones, excepto la oeste, donde está el océano Pacífico. Al salir del aeropuerto me dispuse a coger un Uber para que me llevara a casa de Eduardo a Pasadena. La cosa no fue precisamente relajante: una docena de personas se arremolinaba en esa parada para hacer lo mismo, sin olvidarnos del tráfico intenso que hay siempre alrededor del aeropuerto, bueno, en realidad Los Ángeles es un atasco enorme de coches en todas direcciones. Por fin llegó el que parecía mi conductor: un coreano que había vivido en Brasil y que apenas hablaba inglés, ni por supuesto español, sólo coreano y portugués. Por alguna razón, no conseguía ver la dirección a la que quería ir exactamente. ¡Genial! –pensé, ¡ahora estoy en un “taxi” con un raro con el que no me puedo comunicar y en mitad del atasco de Los Ángeles! Como ya estaba en el Uber no podía (o no supe) decirle a aplicación de Uber dónde quería ir. El coreano se pone moños y empieza a gritarme. Yo pensaba: ¿qué hago, le pego un puñetazo para que se calle o intento negociar con él? Finalmente, echando mano de la poca paciencia que me han dado, acordé con el coreano que me llevaba a donde yo le pedía y que le pagaba en efectivo. No sé cómo me las apaño para encontrarme a tantos raros…

Finalmente llegué sana y salva a casa de Eduardo. Él y su chica Lucy me esperaban para cenar.  ¡Me encantan los reencuentros de amigos! Al día siguiente fui al jardín botánico de Pasadena con Eduardo. El sitio era maravilloso, muy cuidado, lleno de flores. Aunque hacía algo de calor, para mí, acostumbrada al verano infernal de Tucson, aquello era un tiempo primaveral superagradable. Aprovechamos para ponernos al día con nuestras vidas, ya que llevábamos sin vernos más de 2 años: hablamos de mi frustración con mi jefe, y con la ciencia, y de otros temas típicos de la crisis de los 30… el tiempo no pasa en balde y la sociedad reclama por activa y por pasiva que empecemos a hacer planes de vida más acordes con “nuestra edad”, especialmente, por supuesto, a las mujeres.

Al día siguiente fui con Albert a ver el observatorio Griffith de Los Ángeles[1], desde el cuál se veía toda la ciudad, los rascacielos y  al fondo una capa de contaminación. Como toda atracción turística por esta zona, estaba llena, llena de gente viendo algunos de los shows e intentando sacarse el selfie más fotogénico para el Instagram. Por la tarde, y por empeño mío, convencí al pobre Albert para que me llevara a ver el barrio de Hollywood, ¿cómo me voy a volver a Tucson sin ver dónde se entregan los Óscar y el paseo de la fama? Hollywood estaba lleno de coches, nos costó como media hora poder aparcar. Caminamos unos minutos y me dice Albert: ¡ya estás en Hollywood! Creo que en ese instante mi cara debió ser un poema: lo que tenía delante de mis ojos era una calle atestada de coches y rebaños de gente caminando por el famoso paseo de la fama, intentando no atropellar a los numerosísimos puestos de perritos calientes con olor a frito podrido, y a la cantidad de vagabundos que dormitaban por las aceras a la espera de que algún turista le echara unas monedas. Si tengo que describir el sentimiento que tuve fue de una clara DECEPCIÓN. No podía quejarme, Albert ya me lo advirtió. Ya que estábamos allí, decidimos pasear un rato para por lo menos hacer unas fotos a algunas de las estrellas del paseo de la fama. Hacedme caso, el resto no merecía la pena ni una foto.

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Observatorio Griffith de Los Ángeles. Al fondo se ve el centro de Los Ángeles rodeado de su correspondiente capa de contaminación.

 

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Estrella de Antonio Banderas en el paseo de la fama de Hollywood

Al día siguiente convencí a Eduardo y a Albert para que me llevaran a ver la playa de Santa Mónica, ¡qué ganas tenía de ver otra vez el mar y sentir un poco de brisita salada en la cara! Desde que me fui de Tenerife hacía ya casi 1 año no había vuelto a ver el mar… Después de llevar un rato en el coche, empecé a arrepentirme de haberles pedido este favor… ¡estábamos otra vez en mitad de un atasco en medio de Los Ángeles! ¿A dónde va la gente hoy si es sábado por la mañana? –pensé yo. Probablemente a la playa, como nosotros, o al trabajo, o ¡a saber! Es Los Ángeles, como se podía ver en la película de LA LA Land esta ciudad nunca duerme y es un atasco permanente. Una hora más tarde, por fin llegamos a Santa Mónica, no está mal para estar sólo a 46 km de Pasadena… La espera mereció la pena: kilómetros de playa de arena blanca, justo como sale siempre en las películas. Por supuesto nosotros evitamos la parte más concurrida de la playa donde hay atracciones para turistas y millones de tiendas. Me hubiera dado un soponcio y seguro que os estaría contando cosas menos bonitas…

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Playa de Santa Mónica en Los Ángeles. Una pena que el día estuviera un poco nublado…

Al día siguiente tenía ya que volver a Tucson. Por un lado hubiera preferido quedarme en Pasadena con mis amigos y aprovechar ese aire diferente que tiene California, pero por otro lado apreciaba estar de nuevo en una ciudad más tranquila, donde ir a cualquier parte no signifique chuparse 1 hora de atasco. En realidad, a las 3 semanas de aquello, y después de por fin haber enviado mi pesadilla de artículo a la revista para revisión, ya me encontraba por fin cogiendo ese largo vuelo de 10 h en Phoenix que me traería de vuelta por unas semanas a mi añorada Europa. Llevaba 8 meses esperando aquello, y ahora cada minuto se me hacía una espera eterna para volver a mi hogar, dulce hogar.

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Foto desde el avión cuando aterricé en Madrid el año pasado. Al fondo se ve Madrid.

[1] http://www.viajarlosangeles.com/visitar-observatorio-griffith.php

A solas ante el Universo

Un verano en el infierno

            El verano en el sur del estado de Arizona, en pleno desierto de Sonora y a tan sólo 123 km de la frontera con México, comienza muy pronto. Justo después del final del semestre de primavera en la Universidad de Arizona, a principios de mayo, comienza el calor intenso y seco. En esta época, las temperaturas máximas son de 39ºC de media y la humedad entre el 5% y el 15%. El calor intenso durará al menos hasta la llegada de los Monzones[1] a mediados del mes de julio. En la época de los Monzones, que dura hasta mediados de septiembre aproximadamente, la temperatura media es de unos 35ºC, con una humedad del 20%[2]. Resumiendo, es lo más parecido al calor del infierno que yo había sentido en mi vida hasta entonces.

Estas fechas decidí, no sólo para desconectar de lo que se me venía encima, sino también para ver y disfrutar un poquito de la naturaleza de la que estoy rodeada en Arizona, irme a pasar un fin de semana al Monument Valley, Horseshoe bend y el cañon del Antílope (ver fotos). El Monument Valley es un valle en la frontera entre el estado de Utah y Arizona, que tiene los paisajes típicos de las películas de vaqueros. El Horseshoe bend es un meandro del río Colorado, que más hacia el oeste forma el famoso Gran Cañón del Colorado. Es un acantilado de unos 300 m de profundidad y aún hoy es día es posible llegar hasta el mismo borde del acantilado a pie. El cañón del Antílope son unas cuevas cavadas por ríos de agua que se forman cuando hay tormentas repentinas en esta zona. La entrada a la cueva está obviamente prohibida cuando hay lluvias. Todas estas maravillas de la naturaleza se encuentran en los territorios de las reservas de la tribu nativo americana de los Navajo. Es, honestamente, prácticamente el único sitio de los EE.UU. donde yo he visto una proporción considerable de nativos americanos. Los Navajo se encargan de mantener estas maravillas de la naturaleza y hacen las guías turísticas a las cuevas del cañón del Antílope. Cada turista paga entre 35$ y 45$ para asistir a alguno de estos tours guiados por visitar las cuevas. Uno podría estar tentado a pensar que estas tribus deben hacer mucho dinero y vivir muy bien sólo de este tipo de atracciones. Nada más lejos de la realidad. Los ingresos medios por familia en las tribus de los Navajos son de 37.000$ al año, comparada con los 64.000$ de media para las familias del resto de Arizona. Aproximadamente, un 30% de los Navajos están por debajo del umbral de pobreza[3] [4]. Además, sólo un 30% de ellos tienen la oportunidad de ir a la Universidad[5]. Es decir, a pesar de ser los habitantes tradicionales de estas tierras y de tener cantidad de recursos naturales, entre ellos petróleo, los americanos nativos son parte de la población más pobre de Arizona y de EE.UU.

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Monument Valley
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Horseshoe bend
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Dentro del cañón del Antílope

 

A la vuelta de mi viaje, me tocó lidiar con lo que ya perecía que iba a ser el final de mi primer artículo científico con mi jefe. Sí, el que tenía tanta prisa por hacer una cosa rápida en cuatro meses (ver previo artículo del blog: https://elenamanjavacas.wordpress.com/2018/04/22/a-solas-ante-el-universo-14/). Finalmente, no en cuatro, pero en seis meses, el artículo estuvo, a ojos de todos mis coautores más cercanos y mi jefe, prácticamente listo. Después de los dos últimos meses trabajando bajo mucha presión, yo estaba exhausta mentalmente, pero satisfecha de que por fin íbamos a enviar el artículo al resto de colaboradores para que lo leyeran y dieran el visto bueno, antes de enviarlo a la revista científica en la que antes o después se publicaría. A mi parecer, todo el proceso de obtención de resultados y escritura de este artículo habían sido hasta entonces todo lo contrario de lo que dice el refrán: “vísteme despacio que tengo prisa”. Pero así lo quería el jefe. Lo que pasó a continuación, fue un suplicio y una alegría para mí al mismo tiempo: un suplicio porque algunos colaboradores empezaron a quejarse de algunos de los métodos que habíamos usado para hacer unos cálculos, y no les faltaba razón. Menuda decepción, yo que tantas ganas tenía de acabar con esta historia… Al mismo tiempo fue una alegría, al evidenciarse que cuánto más deprisa, más despacio. Las siguientes semanas de trabajo fueron bastante duras intentando aprender de cero algunos métodos estadísticos nuevos para mí, y así convencer a mis coautores. Entre todo, mi jefe se marchó de año sabático a mi querido Heidelberg, así que a partir de entonces estaba sola ante el peligro… (¿o realmente me hizo un favor?). Todos los nuevos análisis había que incluirlos en el artículo, así que éste pasó de ser una triste letter de cuatro páginas, a tener más de diez… necesité al menos 4 versiones del mismo hasta que mis coautores y mi jefe, que estaba prácticamente ausente, aceptaron enviar el dichoso artículo a la revista para ser revisado por un árbitro. Tanto para publicar un poquito de conocimiento nuevo sobre una enana marrón que en realidad no va a representar un cambio importante para nadie… Mi jefe diría, sin embargo, que hay que ser productivos para que todo el mundo vea lo bueno que es su grupo y así le den (a él) más dinero para sus proyectos… así está el sistema. Como ya comenté en una entrada del blog anterior, parece que lo importante en ciencia es publicar rápido, aunque no sea nada nuevo ni nada muy trascendental…

[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Monzón

[2] https://es.weatherspark.com/y/2857/Clima-promedio-en-Tucson-Arizona-Estados-Unidos-durante-todo-el-año

[3] En inglés: https://en.wikipedia.org/wiki/Navajo_Nation#Economy

[4] En inglés: https://datausa.io/profile/geo/navajo-county-az/

[5] En inglés: https://datausa.io/profile/geo/navajo-county-az/#education

A solas ante el Universo

La Astronomía: ¿Musa o Sirena?

Después de todas las penurias (y algunas alegrías) que os he contado en los últimos meses en mi blog, probablemente os hayáis preguntado varias veces, ¿qué es lo que investiga esta chica que le lleva a soportar estar tan lejos de casa y de su familia, adaptarse a una nueva cultura, lidiar con un jefe exigente, e incluso a aguantar a un vecino acosador?

La astronomía ha sido para mí desde muy pequeña uno de los motores más importantes de mi vida. Poder dedicarme a ello profesionalmente ha sido mi objetivo desde hace años, y con él en mente he desafiado a todo lo que ha osado ponerse en mi camino: los prejuicios de la sociedad hacia mí y hacia lo que debía o no debía hacer como mujer, a mi familia en algún caso, al reto de vivir a 10000 km de casa, a jefes desmotivantes, a los novios que me apoyaban poco… Por decirlo de alguna manera, la astronomía ha sido para mí algo así como una musa. Es decir, una fuente de inspiración para la vida.

Desde que empecé mi tesis, hace ya casi 7 años, mi objeto de investigación se centra en unos objetos celestes que se llaman enanas marrones (brown dwarfs, en inglés). A pesar de tener un nombre un poco extraño, las enanas marrones no son más que las hermanas mayores (en masa) de los planetas gaseosos que encontramos en nuestro Sistema Solar: Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. La enana marrón más cercana conocida hasta la fecha está a tan sólo 6,5 años-luz de la Tierra. Igual que los planetas y a diferencia de las estrellas, las enanas marrones no queman hidrógeno en su interior, por ello, desde que se forman, estos objetos se enfrían progresivamente con el tiempo hasta acabar perdiendo totalmente su calor interno al cabo de varios miles de años. Las enanas marrones tienen temperaturas bastante frías en comparación con el Sol, entre 2000ºC y ¡0ºC! las más frías. ¿Por qué es importante estudiar en detalle las enanas marrones? Precisamente porque se ha descubierto que son muy parecidas en su composición atmosférica y también en aspecto a los planetas gigantes que se han encontrado orbitando alrededor de otras estrellas.  Sin embargo, estos planetas alrededor de otras estrellas son difíciles de observar en detalle, debido a que la luz de la estrella “ciega” al telescopio y no nos permite observar el planeta, que es mucho más débil que la estrella a la que orbita. Hoy por hoy, sabemos de manera bastante precisa la composición de las enanas marrones a diferentes temperaturas y también sabemos que tienen nubes y la profundidad a los que los diferentes tipos de nubes se sitúan. Esperamos que los planetas gigantes que orbitan otras estrellas, se parezcan también en composición y en estructura.

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Hace un par de años en el observatorio del Roque de los Muchachos de La Palma. A la derecha la cúpula del telescopio GTC de 10.4 m

Probablemente, una de las cosas que más me alucina de investigar este tipo de objetos es que seamos capaces de averiguar tantas características de ellos a pesar de ser tener temperaturas tan frías. Todo ello se lo debemos al desarrollo tecnológico tan gigante que se lleva a cabo para producir avances en astronomía: telescopios cada vez más grandes e  instrumentos de observación cada vez más precisos que nos permiten desvelar con mejor precisión los misterios del Universo. Además, algunos de los descubrimientos o de los instrumentos que se desarrollan para hacer astronomía se aplican después para otros fines: por ejemplo, los satélites que le dicen a tu GPS dónde estás, son capaces de orientarse con gran precisión debido a que utilizan como sistema de referencia unas galaxias muy lejanas llamadas cuásares. Así que google maps existe porque estas galaxias tan lejanas pueden ser utilizadas de guía. Otro ejemplo, es la técnica llamada en astronomía “óptica adaptativa”. Ésta se utiliza para aumentar la resolución de imágenes astronómicas, distorsionadas por la turbulencia de la atmósfera terrestre, a través de la modificación de la trayectoria de la luz que atraviesa el instrumento de observación. Pues bien, esta técnica también se utiliza en medicina para observar tejidos humanos y hacer diagnósticos de enfermedades más precisos.

Sin embargo, el coste humano de la astronomía y de la ciencia en particular es siempre alto. Requiere bastante sacrificio personal para los investigadores, mucho trabajo con horarios poco establecidos, sueldos relativamente bajos para las cualificaciones que son necesarias, y por supuesto  falta de estabilidad personal, debido a que cada 2 o 3 años es casi obligatorio cambiar de lugar de investigación, lo cual casi siempre requiere cambiar de país. Este tipo de vida puede ser un éxito desde el punto de vista laboral, y puede ser un fracaso desde el punto de vista personal. Aun así, algunos como yo, con la esperanza de algún día poder vivir de nuestra pasión de manera permanente, perseguimos los que pudieran eventualmente ser “cantos de sirena”, igual que Ulises en La Odisea.

Habrá que esperar hasta el final para saber si, para mí,  la astronomía resultó ser una musa o una sirena.

A solas ante el Universo

Pacto entre “caballeros”

Normalmente, las personas que cuentan con algún tipo de privilegio no son conscientes de ello. Que se lo digan a los ricos. Que se lo digan a los tienen coche. Que se lo digan a los que tienen “señora de la limpieza”[1] en casa. Que se lo digan a los hombres, y sí, digo bien, hombres, refiriéndome al género masculino de la raza humana. Una parte importante de los privilegiados pensarán que “la vida es así, y que así ha sido siempre” y “¿por qué vamos a cambiarla ahora?”. Sobre todo si pisotea mis pocos reconocidos privilegios. Eso es inconscientemente lo que más les molesta.

Esta semana por fin los magistrados del famoso caso de “La Manada” han tenido a bien dar su veredicto. Resumo el caso: un grupo de 5 “caballeros” violan “presuntamente” a una chica de 18 años durante la fiesta de San Fermines en 2016. La obligan a entrar en un portal y allí estos “señores” se dedican a hacerle de todo lo malo que pueden, lo graban con el móvil, y comentan su fechoría con los amigotes en un grupo de Whatsapp. Hacen el delito y ponen todas las pruebas para que puedan ser condenados. Sin embargo, los magistrados que juzgan el caso, dicen que la chica hoy por hoy lleva “una vida normal” y que eso debió ser porque ella lo consintió todo. ¿¿PERDONA?? Imaginemos que en lugar de una violación hubiera sido un robo a mano armada en el que los ladrones graban los hechos, y luego presumen ante sus amigotes de ello. Aunque la persona atracada hoy por hoy esté bien, ¡coño, le robaron a mano armada! Pero, visto lo visto, parece que la justicia por supuesto protege la propiedad privada, pero no a las personas. Lo más preocupante, es que la sentencia, tal y como está, el mensaje que envía a la sociedad es que hacer este tipo de fechorías “no es tan grave”, total, la chica sigue con su vida… tan grave no sería… Esta sentencia es, además una falta de respeto y un desprecio descomunal hacia la mitad de la población mundial. Es una sentencia que aboga por restringir la libertad de la mujer, que siempre tiene que andar protegiéndose de esos “caballeros” privilegiados, que además de tener el poder de hacer daño, son protegidos por ciertos jueces. Hoy por ti, mañana por mí, piensen probablemente.

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Difundo el jepeto de estos «caballeros» de la manada, para que os quedéis con sus caras

Este caso, así como otros que llegan a las noticias, son la punta del iceberg de un sistema patriarcal que juzga, reprime, acosa, maltrata y menosprecia a las mujeres de muchas maneras, antes de llegar al extremo de una violación o una muerte (ver pirámide de la violencia de género, que no sólo es agredir).

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La violencia de género empieza con un chiste machista

Al hilo de esto, quería continuar contándoles mis aventuras en Tucson, por llamarlas de alguna manera. Hacía ya más de dos meses que había vuelto de mis vacaciones de Navidad, cuando me doy cuenta de que la vecina de primer piso se está marchando de casa (yo vivía en un bajo). Una mujer bastante cordial, aunque con unos horarios un poco raros. Recuerdo cuando me mudé a esa mi segunda casa en Tucson, que se me presentó un día que nos encontramos a la entrada. Costumbres del lugar, pensé yo. Ella se marchó, y en su lugar llegó un “caballero” de unos sesenta años. Siguiendo lo que parecía la costumbre del lugar, cuando un día me lo encontré en la entrada lo saludé, me presenté, y sin más. No sé si este hombre tenía trabajo o no, pero lo cierto es que casi todos los días me lo encontraba en algún momento, si no era a la entrada, era en el parking. Tanto que ya me estaba dando algo de mal rollo. Una noche mientras estaba haciéndome la cena en la cocina con la ventana abierta para que saliera el humo, oigo el flash de una cámara de fotos, o un teléfono, justo detrás de la ventana. Me di la vuelta, con cara de pánico seguramente, y veo a mi nuevo vecino haciéndome una foto. Imaginaros por un momento mi sensación de pánico. Por supuesto le grité un “¿por qué coño me haces una foto sin mi permiso?” y él no tuvo mejor idea que responder: “ay, porque eres guapa”. En ese momento me estaba empezando ya la ira…. “¡haz el favor de borrar esa foto ahora mismo!”, le dije yo. Y él me responde, “ay, ¿de verdad?”. En ese momento empecé a plantearme en serio si el tío era subnormal o retrasado. Se marchó. Y ahí me quedo yo. Obviamente, empecé a comerme la cabeza con un montón de “¿y si le da por entrar por la ventana?”. Recordad que vivía en un bajo y mis ventanas no tenían barrotes… “¿y si tiene un arma?” Llamé a la policía. Se limitaron a preguntar un, “pero tú estás bien, ¿verdad? Bueno, toma este número de caso y dinos si hace algo raro”. Ni siquiera le visitaron para darle un susto. Al menos cuando les conté el caso a la empresa que lleva el condominio se dignaron a darle un toque de atención. Eso consistía en un aviso de “como se vuelvan a quejar de ti te echamos”. Obviamente, nada de eso fue suficiente para mí, ya que en caso de que el “caballero” se volviera loco una noche y decidiera entrar en mi casa poco podía hacer yo para defenderme. Así que me pasé meses durmiendo encerrada en la habitación, hasta que decidí mudarme a otra parte. Esta vez un primer piso donde al menos tengan que escalar para intentar entrar en mi casa.

¿De verdad las mujeres tenemos que soportar esto sólo por ser mujeres? Esta es una historia de terror de tantas de las que yo o cualquier otra mujer podría contaron con casi toda seguridad. ¿En serio seguís pensando que hombres y mujeres tienen las mismas libertades? Para aquellos que sigan pensando que sí, les invito a que escuchen más, y opinen menos.

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Dejad de darle vueltas, la culpa siempre es del agresor.

[1] Porque los trabajos mal pagados en su mayor parte los hacen las mujeres

A solas ante el Universo

Pollos sin cabeza

 

Una de las enfermedades número uno de nuestra avanzada y globalizada sociedad moderna es sin duda la prisa. Estamos ante la generación del Nespresso, en la que ya no tenemos 5 minutos para llenar cuidadosamente con café el filtro de la cafetera italiana de toda la vida, poner agua, y esperar 3 min más hasta que el café sale dejando su característico olor por toda la casa. En su lugar ahora, tenemos una “cafetera” Nespresso, que venden por la tele unos actores de Hollywood, porque metes una cápsula, y a los 30 segundos tienes un “café”. Todo muy americano. También el hecho de que las benditas cápsulas de metal sean altamente contaminantes e imposible de reciclar.

Desafortunadamente, la enfermedad de la prisa y la inmediatez no sólo afecta a nuestras costumbres con el café, sino también al tipo de relaciones amistosas y de pareja, a la manera en que hacen edificios, a la manera de alimentarse y hasta a la manera de viajar, entre otras muchas cosas que seguro me dejo en el tintero. Y es que todo tiene que ser deprisa y a ser posible inmediato: creemos que por hacer amigos en Facebook o tener más seguidores en Instagram que nos ponen piropos o likes en nuestras fotos tenemos más amigos o somos más populares, pero, ¿cuántos de esos estarán allí el día que te pase una desgracia? Seguro que con ellos no mantuviste una relación por Facebook. Lo mismo pasa con las relaciones de pareja: en los tiempos del Tinder y similares uno puede encontrar parejas por catálogo, sólo viendo su foto y una breve descripción. Y como uno puede encontrar a alguien diferente en 3 min, pues si la veinteava persona a la que has conocido en el mes no te convence, la mandas a freír monas y ya vendrá otra. Ídem con la manera de alimentarse: ¿quién en su sano juicio y pudiéndoselo pagar, se va a preocupar en hacerse tuppers para toda la semana pudiendo ir a comer al bar de enfrente? Es por no hacerse, ya no nos hacemos ni un vaso de leche y una tostada para el desayuno, mejor desayunar en el bar de enfrente o en la cafetería del trabajo, donde tenemos croissants rellenos de chocolate del día. Y por supuesto, no quiero ni hablar de los viajes… los viajes, que desde siempre habían sido un acto de curiosidad por conocer otros lugares y otras culturas, hoy se ha convertido en ¡tengo una semana para ver el país X entero! Que se traduce en llegar, hacerse la foto de postureo obligatoria para el Facebook o el Instagram y a los 10 min estás otra vez en el coche rumbo a tu siguiente lugar para foto-postureo a toda pastilla, previa consulta al Facebook/Instagram para subir inmediatamente la dichosa foto. Y encima, a ser posible, queremos que nos hablen en español. ¡Menuda inmersión cultural eso de los viajes hoy en día! En resumen, que el conejo blanco Alicia en el país de las maravillas que tan agobiante nos parecía de niños, se sentiría la mar de a gusto en una sociedad como la de hoy.

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Como no podía ser de otra manera, la cultura de la prisa, del pollo sin cabeza o del conejo blanco de Alicia en el país de las maravillas también se ha extendido como pandemia en la manera en que el sistema académico nos pide que los científicos trabajemos. La manera fácil que tiene el sistema de juzgar la calidad de un científico es un número, que se llama el índice h. Este índice crece a más número de publicaciones y de citas. Ya está. Y estarás pensando, ¿y qué pasa si tienes los huesos rotos durante 6 meses, o si te quedas embarazada o si te ha dado por hacerte un viaje después del doctorado porque si no te tirabas por un puente? Pues que estás en desventaja, y ya te puedes ir retirando, porque en este sistema simplista e inhumano no hay lugar para débiles. Este sistema se impone mucho más notoriamente en EE.UU., donde, como seguro he comentado alguna vez, irse de vacaciones es una pérdida de tiempo. Esta obsesión con la prisa no la sufrí realmente hasta que empecé a hacer mi investigación en EE.UU.

Después de mi feliz vuelta después de pasar las navidades en casa, comiendo riquísimo y disfrutando de mi familia y mis amigos, volvió la hora de volver a trabajar. Por supuesto, en EE.UU. eso pasa el día 2 de enero, porque no se celebra el día de Reyes Magos. Ese día, tuve reunión con mi jefe, que ya tenía preparado para mí mi nuevo encargo. Me dijo: ¿ves estos datos? Es superurgente publicarlos, porque nos los pueden robar, así que tienes 4 meses para escribir un artículo. Yo no salía de mi asombro: ¿tengo que aprender de un tema nuevo para mí, analizar unos datos con los que no tengo experiencia y escribir un artículo en 4 meses? Ni de coña, pensé. Pero cualquiera le dice que no al jefe si él se empeña en que puedes hacerlo, y si no lo haces es que eres una vaga… así que tragándome las palabras, me limité a decirle un “haré todo los que pueda”, que él se tomó como un sí. Y yo entre mí pensaba: “¿cuál es la prisa por publicar esta mi…? ¡No es la cura contra el cáncer! ¡El mundo no se beneficiará de esa publicación! Especialmente si consiste en 4 páginas hechas a toda prisa…. Obviamente mi jefe no pensaba igual, ya que según él, investigar en astrofísica es “cambiar el mundo” (no se lo cree ni él), por lo tanto todo es muy urgente. Os podéis imaginar además, la bronca que me montó cuando el artículo no estuvo listo en los 4 meses “acordados”, ni en 5, ni en 6…. Sino solamente después de 8 meses de dolorosísima gestación y estrés pudimos enviar el artículo a la revista. ¿Y para qué? Sigo pensando yo muchas veces. ¿De verdad la ciencia avanza más rápido de esta manera?  ¿no sería mejor que los científicos preparásemos artículos buenos y hechos con mucho cuidado, pero con conclusiones reamente relevantes?

En definitiva, esta prisa en el trabajo, entre otros asuntos que os comentaré en el futuro, hicieron que 2017 fuera un verdadero reto para mí. No sólo porque aprendí cómo manejar esa presión, sino porque aprendí a controlarla de manera sutil (con algo de ayuda 😉 ). Aprendí a manejar los asuntos con algo más de “mano izquierda”, que hasta ese momento para lo único que me servía era para teclear en el móvil (no sé teclear con la mano derecha), y a hablar de manera asertiva. Algo particularmente importante cuando eres mujer, porque como ya sabréis, en general nos toman por el pito el sereno cuando intentamos expresar nuestra opinión.

Para acabar, os dejo con un par de artículos y un vídeo sobre la prisa y el estrés, por si aún os estáis pensando lo de bajar el ritmo:

El estrés según Walt Disney: https://www.youtube.com/watch?v=_wPkBSvbbUk

http://protestantedigital.com/sociedad/34369/La_tirania_de_lo_inmediato_carcome_la_sociedad

https://elpais.com/diario/2010/05/23/eps/1274596013_850215.html

A solas ante el Universo

Hogar, dulce hogar

Y por fin llegó esa época del año que tanto odio y tanto me gusta a su vez. Especialmente a finales del año 2016, después de haber sobrevivido, literalmente, sobrevivido, a 4 meses en Arizona. Estoy hablando, obviamente, de las navidades. Desde que dejé de ser una niña y perdí la ilusión de recibir regalos de los Reyes Magos (eso pasó bastante ante de dejar de ser una niña), no me han agradado especialmente esas fechas. Habitualmente significaba comer como pollos de engorde para no llevarte la bronca de la abuela o de tu madre, desde el día 24 de diciembre, o antes, hasta el día 6 de enero, en el que el roscón de Reyes te sale ya por las orejas. Además, conforme fui creciendo, los regalos comenzaron a disminuir, aunque tampoco me importaba mucho que me dejaran de regalar el típico pijama de felpa… en resumen, desde que llegué a la edad “adulta”, casi lo único bueno de las navidades es el jamón y que tenemos vacaciones. Y es que hasta la Universidad de Arizona, donde la palabra vacaciones es casi tan tabú como hablar del peluquín de Trump, cierra 8 días durante este periodo y te “regala” esos días de vacaciones, (modo ironía on) ¡gracias Universidad de Arizona! (modo ironía off).

Estando así la situación, he de confesar, que ese viaje de más de 24 h en avión antes de navidad para visitar mi lugar de La Mancha natal me hacía bastante ilusión. Así que previo permiso de mi jefe, el día 15 de ese mes de diciembre cogí un avión de vuelta a mi querida Europa. Después de un viaje agotador, llegué a Madrid después de hacer escala en Filadelfia y en Ámsterdam. A Madrid llegué en la tarde del día siguiente, es decir, el día 16. Sandra me esperaba en su casa, donde me iba a quedar un par de noches para hacer acopio de regalos y ver algunos amigos. Después me fui a mi querido lugar de La Mancha de cuyo nombre me acuerdo demasiadas veces, donde me esperaban un par de cenas y comidas familiares, y donde la familia me preguntaba qué tal me parecía Arizona, si había visto a gente con armas y si había visto escorpiones y serpientes. También me preguntaban por mi nuevo jefe y qué tal se portaba… afortunadamente, hasta la fecha, se había portado bastante razonablemente.

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Navidad de 2016 en casa de mi abuela materna

La parte más amarga de las navidades en mi familia, sin embargo, es el aniversario de la trágica desaparición de mi padre hace dos años, a la que hay que sumar también la de mi abuelo hace ya unos cuantos años más. Por eso mi abuela paterna, se pasa las navidades blasfemando y acordándose de la madre que parió a los que inventaron las navidades. Y es que, como siempre, nos venden en la tele que las navidades tienen que ser un tiempo mega feliz en familia, en el que toda la familia está unida y se quiere mucho. Sin embargo, como sabréis, y como probablemente habréis experimentado, eso NO ocurre en el 99.99% de las familias. Como dicen en mi pueblo, en todas partes cuecen habas.

Si hay otra cosa que tampoco echaba de menos de las navidades españolas, es el frío que hace. Hace falta abrigo gordo, bufanda, guantes, gorro, jerséis apropiados… En Tucson el invierno es algo anecdótico que sucede durante dos semanas como máximo en el mes de enero. Es rarísimo que las temperaturas bajen de cero grados. De hecho cuando pasa, los pobres saguaros, los cactus con brazos tan típicos de esta zona, se mueren congelados, y algunos caen al suelo. Esto no es ninguna tontería, teniendo en cuenta que pueden llegar a medir hasta 18 m de altura[1]. Moraleja: si vas a Arizona en invierno, por si acaso no aparques tu coche al lado de un saguaro.

Desafortunadamente, mi visita a España por navidad fue fugaz, exactamente 13 días. Así que el día 29 de diciembre con bastante tristeza cogí otro de esos aviones gigantes en el que atravesaría el océano Atlántico desde Madrid para llegar otra vez a Filadelfia, y de ahí a Tucson de vuelta, a dónde llegué a las 2 de la mañana de ese mismo día 29 en Tucson, las 10 de la mañana en España. Más de 24 h. Lo bueno de los viajes hacia el oeste, es que uno gana algunas horas con ello.

Durante esos días, mi amigo Albert, que estaba de postdoc en Pasadena y no había podido volver por navidad a casa, me escribió para venir a verme a Tucson. Eso fue genial, porque así yo también pude aprovechar para hacer un poco de turismo por mi propia ciudad y de paso, tener alguien con quien celebrar la venida del año nuevo. Fuimos al museo del desierto, al museo de los aviones, paseamos por el centro de Tucson… como cena de Nochevieja, nos limitamos a comer tortilla de patatas y ensalada,. Para qué más. Después nos fuimos a un bar de la calle 4ª a comernos las uvas y celebrar el año nuevo con Paola y Arthur. La gente a nuestro alrededor, la mar de variopinta, miraba de hito en hito a estos extranjeros comiendo uvas en mitad de un bar como si no hubiera mañana. Lo más curioso para mí fue, que después de aplaudir y tomar una copa de champar para “celebrar” el año nuevo, el bar se vació rápidamente, y a la 1 de la mañana ya empezaban a cerrar los bares de alrededor. Vamos, celebraciones, las justas. Y es que en este país, al contrario de España, la gente de lo último que vive es de hacer negocios relacionados con bares, bailar, pasarlo bien y tomar alcohol. Pero otro día hablaremos de su manía contra el alcohol, el tabaco, y los huevos Kinder, pero no contra las armas.

Con este breve ritual, dimos 2017 por bautizado. Ese 2017, que tantos retos me puso en el camino y que tanto me ha obligado a aprender.

[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Carnegiea_gigantea

A solas ante el Universo

Una manchega en su primer día de acción de gracias

 

Una vez más el avance del otoño en Tucson me vino a recordar que, efectivamente, estaba muy lejos de casa. No sólo físicamente, sino también en cuestión de costumbres. A finales de noviembre, se celebra, como bien nos han contado en multitud de películas de Hollywood, el día de acción de gracias (o Thanks Giving en inglés). Desde el punto de vista de las películas de Hollywood, el día (o mejor dicho los días) de acción de gracias consisten en unas acogedoras y divertidas fiestas en que toda la familia y todos los amigos se reúnen en una casa alrededor de una mesa atestada de comida con el tradicional pavo como plato principal. Además, el pavo lo cocina la mujer de la casa, qué podíamos esperar de esta sociedad tan conservadora, pero, partirlo y repartirlo es oficio del anfitrión de la casa. Ídem.

Lo que también es tradicional durante esos días es el Black Friday (viernes negro), que últimamente hasta en se ha puesto en Europa de moda (sin comentarios). Básicamente consiste en que el viernes de acción de gracias, las tiendas hacen supuestamente muy buenas rebajas, lo que se traduce en una mole de gente corriendo para conseguir el último televisor de plasma de la marca nosecuantitos o el último iphone. Como si no cambiaran de tele o iphone todos los años. Y es que, algo tienen que hacer los trabajadores en esos días en los que juntan cuatro maravillosos días de fiesta, desde el jueves hasta el domingo. Más días de fiesta que en cualquier otra época del año, incluyendo navidad. Todas unas vacaciones, considerando que muchos trabajadores tienen menos de 15 días de vacaciones al año (incluyendo a la menda).

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Representación de la primera cena de acción de gracias

Pero, ¿de dónde viene realmente la tradición del día de acción de gracias? Aquí viene la parte más escalofriante de la historia. Sí, sí, más escalofriante que el Black Friday y que una mole de gente histérica comprando cosas que no necesita en su casi único día de vacaciones.

El origen del día de acción de gracias se remonta a hace casi 400 años (1620 específicamente) con la llegada a las Américas de un barco con 100 ingleses colonos llamado Mayflower. Estos pobres colonos no compartían las ideas de la nueva iglesia anglicana, que tiene al rey/reina como cabeza de la iglesia. En fin, agradézcanselo a Enrique VII de Inglaterra y su gusto por las mujeres[1]. Con lo cual, parece que tuvieron que salir por patas de su tierra natal, parece ser que un poco muertos de miedo[2]. Una vez llegaron a la Américas, se instalaron en el actual estado de Massachussets, muy cerca del actual Boston. Como todo el mundo sabe, esta zona tiene unos inviernos muy crudos. En el primer invierno que los colonos ingleses pasaron en las Américas, murieron la mitad de ellos, así que los indios nativos de la zona, los Wampanoag, decidieron ayudarles a sobrevivir, y también a cultivar las tierras. Después del verano, colonos y aborígenes tuvieron muy buenas cosechas, así que decidieron celebrarlo en el primer día de acción de gracias. Más tarde, George Washington estableció el día de acción de gracias el día 26 de noviembre como fecha oficial. Y estaréis pensando, ¿y dónde está la parte espeluznante de la historia? La parte espeluznante es que después de esa famosa fiesta, las malas lenguas dicen que los colonos decidieron cargarse a los indígenas que les habían ayudado a sobrevivir. Y después de ellos, al resto de aborígenes de lo que luego fueron los Estados Unidos de América. Hoy en día, sólo el 1.7% de la población de EE.UU. tiene origen indígena[3]. ¡Viva la fiesta de acción de gracias!

En cualquier caso, para quitarle hierro al asunto, este primer día de acción de gracias decidí pasarlo con mis amigos y el pavo, que por supuesto cortó el anfitrión de la casa. Como el día de Navidad, pero un mes antes y con amigos. Y por supuesto, no fui al Black Friday. No creo que haya nunca nada que me haga tanta falta para que decida ir a pelearme contra una mole cegada por las ofertas.

Cuanto más tiempo paso en este país, y más concretamente en Tucson, se va confirmando más mi sospecha más temida: este país es como en las películas. Que para algo tienen a Hollywood haciéndoles publicidad todo el rato. Aunque de verdad, si hay una serie que les hace publicidad (o antipublicidad), esa es los Simpson, de la que en su día yo tampoco era muy fan, pero ahora puedo confirmar, que algunas verdades sí que decían.

[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Anglicanismo

[2] https://www.youtube.com/watch?v=K0-SSwLZzZo

[3] http://www.ncai.org/about-tribes/demographics

A solas ante el Universo

Una manchega en su primer Día de los Muertos

 

            A finales del mes de octubre el calor finalmente dejó de taladrarnos la cabeza hasta el año próximo. Eso significaba que por las noches ya hacía falta una rebeca y que por fin podía dormir sin aire acondicionado en casa. Y es que el tiempo que la mayoría de los europeos, e incluso españoles, consideramos “de verano”, consiste en 6 meses en Tucson. Tres de los cuales, las temperaturas máximas superan los 35º de media, de media. Eso significa que siempre hay picos de calor que llegan hasta los 48º a mediodía. El junio pasado esa fue la temperatura máxima que se alcanzó. Hasta tal punto, que los aviones dejaron de despegar desde el aeropuerto de Phoenix, debido a la baja densidad del aire.

La noche del 31 de octubre se da una de las tradiciones anglosajonas por antonomasia, Halloween, que el resto del mundo se ha encargado de copiar, debido, en mi opinión, porque es también una fiesta comercial. Un mes antes de Halloween las tiendas y supermercados venden ya decoración de Halloween para toda la casa: millones de luces para la entrada, calaveras, calabazas, fantasmas, monstruos… y por supuesto disfraces de todo tipo. Lo que más me sorprendió de los disfraces, es que a diferencia de otros países en los que hemos copiado esa tradición, aquí la temática del disfraz no tiene por qué ser de monstruos y zombies. También hay princesas, azafatas, soldados, piratas… vaya, cualquier disfraz que una se pondría para carnaval, pero que en teoría no es de temática de Halloween. Además, curiosamente, no importa el día de la semana en que caiga el día 31, que aquí siempre se celebra: los niños salen junto con algunos padres a pedir caramelos casa por casa diciendo la típica frase de “truco o trato”.  Me sorprendió bastante ver a tantos niños caminando por las oscuras calles de Tucson pidiendo caramelos… tardé en caer en la cuenta que aquí la tradición de Halloween es “sagrada”. También me di un paseo para ver “qué se cocía” en la calle de fiesta por antonomasia de los universitarios en Tucson, University Boulevard. A decir verdad, la manera de celebrar esta tradición entre los universitarios era algo más tétrica y menos “típica”, por usar alguna palabra, que lo que había visto anteriormente: todos los bares de University Boulevard tenían la música a tope, a cuál más luces y más decoración temática lo más estrafalaria posible. La fauna pobladora de esta calle estaba compuesta de universitarios y universitarias, a esas horas de la tarde/noche ya un poco bastante pasados en alcohol. Como os comenté antes, aunque sea Halloween, la temática de los disfraces no tiene por qué estar relacionada con Halloween, de hecho, parecía más bien carnaval. Eso sí, no un carnaval en el que la gente busca sacar disfraces originales y llamativos, si no que más bien consiste en enseñar cacho y presumir lo más que se pueda. Es decir, 100% postureo. Como os podéis imaginar, los disfraces más típicos entre ellos eran los de soldados machotes y musculosos (alguno seguro que llevaba yendo al gimnasio el año entero para eso), y los de ellas, pues enfermeras con minifaldas y escotazos, o variaciones del disfraz pero enseñando las mismas partes del cuerpo. En fin, un poco decepcionante la manera de celebrar Halloween.

Menos mal, que Tucson está pegando a México, de hecho, la mitad de su población es de origen mexicano, y eso le da a la ciudad toques muy particulares que son difíciles de encontrar en otras partes. Justo en la misma fecha se celebra en México el día de los muertos, que es el equivalente al día de todos los santos en España. Sin embargo, la tradición del día de los muertos en México es muy diferente. En España, al menos en mi pueblo de La Mancha profunda, el día de todos los santos consistía en llevar centros y ramos de flores a los familiares fallecidos, con más o menos drama asociado al mismo, si es que el familiar había fallecido en circunstancias trágicas. Obviamente, además, todo el pueblo hace lo mismo el mismo día, y al final acaba siendo el día del chismorreo por ver quién tiene la lápida más limpia y con más flores del cementerio. La tradición del día de los muertos en México, nada tiene que ver con eso. La tradición consiste en hacer una procesión para honrar a los familiares fallecidos. Pero no es para nada una procesión solemne como las procesiones de Semana Santa, es casi, una batucada. Los familiares salen con las caras pintadas como calaveras, pero muy coloridas, y disfrazadas con ropas antiguas o modernas. Pero lo principal es pintarse la cara. En general, cada persona lleva una foto grande de los familiares a los que quiere recordar con algún mensaje. También hay otra gente con carteles pidiendo paz o mensajes similares. Animando la procesión, hay gente tocando los tambores, dándole un ritmo parecido al de una batucada. Podéis ver un breve vídeo propio documentando la procesión de Tucson aquí. También os recomiendo una película de Pixar y Disney que salió recientemente llamada Coco (podéis ver el tráiler aquí). Eso sí, ¡no os olvidéis un paquete de clínex cuando os dispongáis a ver la película!

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Indumentaria y pinturas típicas del día de los muertos mexicano

Para mí, el día 31 de octubre se produce una especie de “colisión” entre dos culturas muy diferentes representadas por Halloween y el día de los muertos, respectivamente. Por un lado, está la tradición de Halloween, que, independientemente de cómo fuera en sus orígenes, hoy por hoy se ha convertido en otra de las fiestas que engordan la lista de “fiestas para el consumismo y el postureo” que hay hoy en día, consistiendo en gastarse dinero para decorar la casa con más luces que la del vecino, y en hacer una fiesta vacía en que la gente se disfraza “para ligar”, haciendo un resumen muy burdo.

Por otro lado, la tradición del día de los muertos, representa la cultura hispano-hablante, en la que se valora infinito más a la familia que en la cultura anglosajona, que es, en general muy muy individualista. En el día de los muertos se recuerda a los familiares fallecidos de una manera alegre, pero humilde, en una procesión que básicamente consiste en desfilar con las caras pintadas y las fotos de los seres queridos.

Algunos dirán, “así les va a los mexicanos/españoles o el resto de latinos”, si no saben aprovechar las fiestas para hacer dinero…” y es que, desgraciadamente, a veces, donde hay una abundancia económica generalizada, hay una crisis generalizada de valores.

A solas ante el Universo

Una manchega en su primer (y último) partido de fútbol americano

 

Una de las cualidades principales que todo científico debería tener es, a mi parecer, la curiosidad. De una manera sana, por supuesto. Según la RAE*, que por cierto últimamente me tiene bastante decepcionada*, curioso/a tiene las siguientes definiciones:

  1. Inclinado a enterarse de cosas ajenas
  2. Inclinado a aprender lo que no conoce
  3. Limpio y bien arreglado
  4. Que llama la atención o despierta interés por su rareza u originalidad
  5. Propio de la persona curiosa
  6. Estimable o apreciable
  7. Que hace las cosas con gran habilidad y esmero
  8. Ven.Persona que realiza cualquier oficio

Me resultó bastante curioso que la primera definición de la RAE fuera la de curioso sinónimo de  cotilla, metiche, chismoso o bacín, como dicen en mi pueblo. Pero era de la segunda definición de la que yo os quería hablar. Inclinado a aprender lo que no conoce. Esa curiosidad me ha acompañado desde pequeña, metiéndome algunas veces en problemas. Mi frase favorita era la de ¿qué pasaría si hago esto…? y lo que pasaba es que casi siempre pasaba que me llevaba un zapatillazo… pero más allá de los zapatillazos, la curiosidad fue lo que me inspiró a estudiar, no sólo ciencias, física o astronomía, sino también lengua, historia, inglés, alemán o lo que fuera tocando en el momento. Hasta hace unos años, mi curiosidad se limitaba a temas de hacer cosas “con la cabeza”, pero desde hace un tiempo, también me gusta explorar los deportes, aunque no sea en profundidad.

Después de dos meses justos viviendo en Tucson, y después de un mes viviendo en una casa normal y limpia, con mis muebles nuevos y mi coche “nuevo”, pude empezar a dedicarme un poco más a disfrutar de estar un sitio tan peculiar como este. Así que cuando Annalisa y Mike, su chico, me propusieron ir a ver un partido de fútbol americano entre la Universidad de Arizona y la Universidad de Standford enseguida acepté. A priori el fútbol americano, donde unos cuantos machotes se pegan empujones como borricos, no tenía papeletas para convertirse en mi deporte favorito, pero fui a verlo por curiosidad. Y porque era una invitación. Antes de ir al partido, había una especie de “fiesta”, (esta palabra siempre hay que ponerla entre comillas cuando la “fiesta” sucede en EE.UU.) donde un amigo de Mike tenía un chiringuito muy bien montado, lleno de comida y cerveza dentro del campus de la Universidad. Ya os conté en otra ocasión, que el alcohol no está permitido dentro del campus, igual que el tabaco y las armas, pero tratándose de un partido de fútbol americano de esta magnitud… pues el campus hizo una excepción con el alcohol. Eso sí, dentro del estadio no se dejaba entrar ni una gota. Después de alimentarnos e “hidratarnos”, nos fuimos al estadio. Al estadio no se podían pasar bolsos, bueno, sólo unos bolsos monísimos transparentes que vende la tienda de la Universidad de Arizona, con la excusa de que así se puede ver lo que hay dentro del bolso… sí claro, como si a estas alturas no existieran los escáneres. Tampoco se podía pasar ninguna bebida, ni agua… claro, así además hace el agosto  la tienda de refrescos de dentro del estadio, que unas horas más tarde descubriríamos que sólo vendía: coca cola, agua, y palomitas con azúcar y sal (¡viva la salud!).

Antes de empezar el partido ya había un show en el campo: música dance a tope, las cheer leaders, monísimas, delgadísimas, rubísimas y a ser posible enseñando un poco de pechuga, salían a animar al público al campo cantando U of A!! Junto con la mascota de Arizona que es un Wildcat (gato silvestre). Después salió una banda de música y unos militares desfilando. Tenían que por supuesto glorificar a los estudiantes militares. Finalmente, con un montón de fuegos artificiales (ver entrada de los jugadores), salieron los jugadores de ambos equipos. A cuántos niños de África podrían alimentarse con el pastizal que se ha dejado la universidad en los primeros 10 min de este partido, pensé yo. Por supuesto, como no podía faltar, justo antes de empezar el partido, todo el mundo cantando el himno de EE.UU. (ver vídeo cantando el himno de EE.UU.) con la mano en el corazón, y al acabar, todo el mundo aplaudió casi llorando. Los que me conocéis, ya sabéis la cara que se me quedó.

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Equipo de fútbol americano de la Universidad de Arizona. Todos unos machotes.
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Las cheer leaders de la Universidad de Arizona

 

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Estadio de fútbol americano de la Universidad de Arizona

Por fin comenzó el partido, que duraba 90 min. ¡Ah! Como uno de fútbol “normal”, pensé yo inocentemente. Pero resulta que no, que cada vez que alguien hace una falta o meten gol, el tiempo se para. Y hacedme caso, el tiempo se paraba cada 5s… El partido lo ganaba quien metiera más goles y/o llegara más veces a la línea de área contraria. Todo el rato, además, se estaban cambiando jugadores. De manera que entre una jugada y otra podía cambiar medio equipo, y luego volvían a jugar más tarde. Demasiada acción en ese aspecto, pero dentro de 5s volvía a hacerse otra falta y a pararse el juego. Otra vez se cambiaban los componentes de los dos equipos… y mientras las cheer leaders bailando y dando saltos todo el rato. En fin, he de admitir que durante la primera hora estuvo interesante… pero en 1h de tiempo real, sólo se habían jugado 15 min de partido…

A las 2h de partido, Annalisa y yo decidimos que nos aburríamos y fuimos a comprar palomitas, porque de cerveza ni hablar… y fue cuando descubrimos que sólo vendían palomitas con azúcar, o palomitas con azúcar y sal. Podéis imaginaros la cara con la que nos quedamos las dos… y encima Arizona iba perdiendo. Así que con las mismas, decidimos que nos marchábamos, arrastrando “amablemente” al pobre Mike que estaba disfrutando el partido.

En definitiva, me parece que el fútbol americano nunca será mi fuerte. Sin embargo, este tipo de eventos tienen la capacidad de hacerme sentir como viviendo dentro de la típica película americana de sábado por la tarde. También consiguen satisfacer mi curiosidad, aunque enseguida me dé cuenta de que este de estas “americanadas” no son para mi.

 

* RAE: Real academia de la lengua española. Limpia, fija y da esplendor.

* La RAE generó indignación por definición machista de “fácil”

http://www.el-nacional.com/noticias/variedades/rae-genero-indignacion-por-definicion-machista-facil_220944

 

 

 

A solas ante el Universo

Una manchega cumple 30 ochos de marzo

 

Hoy cumplo mi treintavo 8 de marzo (día internacional de la mujer) sobre la tierra. No es mala fecha para echar la vista atrás y recordar a partir de qué momento tomé conciencia de que la sociedad no trata ni da las mismas oportunidades a hombres y a mujeres. No la sociedad en una determinada parte del planeta, sino la SOCIEDAD (con mayúsculas), que discrimina y maltrata de manera sistemática a las mujeres del mundo, por el mero hecho de haber nacido mujer.

Cuando nací, en aquella España profunda de hace 30 años aún no había llegado a los hospitales públicos las ecografías, así que mi padre mantuvo hasta el último momento la esperanza de tener un hijo. Igual le pasó con mi hermana. Y aunque después se le caía la baba con nosotras (y con las otras 5 sobrinas que le vinieron después, sólo hay 2 sobrinos en la familia), estoy convencida de que se quedó con las ganas de tener un varón. Eso explicaría por qué un día se presentó en casa con un regalo “para mi” que consistía en una pistola de fogeo. Recuerdo que con el ruido de la pistola me asusté tanto que me escondí llorando y no quería salir hasta que esa cosa saliera de mi casa. En conclusión, viendo mi decepción, a partir de ese momento sólo entraron en casa juguetes “para chicas”: cocinitas, Barbies, muñecos, juegos para hacer joyas… aunque a mí lo que más me divertía era salir a jugar con la tierra en la era de enfrente de mi casa o salir a montar bici, o a patinar, o construirle una ciudad con ladrillos de una obra a mi gato en el patio de mi casa, aún a riesgo de llegar con la ropa sucia o rota o llena de pelos de gato y llevarme un rapapolvo por parte de mi madre porque “¡las señoritas no se ensucian!”.

A los 8 años aprendí a fregar los platos en casa, porque “ya estás hecha una moceta” y porque a mi padre no le daba por colaborar en casa aún cuando mi madre salía a las 11 de la noche de trabajar durante los veranos. Y así, poco a poco, con los años, en casa me fueron enseñando a hacer las labores del hogar, según mi madre “para que no seas una esmanotá cuando seas mayor”. Y con esa excusa había que hacer la limpieza de la casa de arriba abajo, hacer comidas, fregar platos… por supuesto mi padre no colaboraba en nada de eso, “porque ya nos mantenía”, y era un milagro el día que echaba su ropa al cubo de la ropa sucia después de la ducha.

DIADELAMUJER

La primera vez que fui consciente de por qué existía el 8 de marzo tenía 14 años, y fue gracias a mi profesor de ciencias naturales, don Rafael, que no sólo nos enseñaba ciencias, sino que además nos enseñaba a pensar. Un día llegó a clase y nos preguntó qué pesábamos de la existencia del día de la mujer. Como suele pasar en estos casos, rápidamente hubo un chico de la clase que se pensaba más listo que los demás y replicó como una metralleta que “a él le parecía fatal que existiera un día de la mujer, porque no existía el día del hombre y eso era discriminar a los hombres”. Además alegaba que “en muchas discotecas las mujeres entran gratis”, y que “algunos profesores tenían preferencia a explicar dudas a las chicas antes que los chicos”. Entonces nuestro profesor  nos contó el porqué de la celebración: el 8 de marzo se conmemoraba el día internacional de la mujer porque el 8 de marzo de 1857 en Nueva York un grupo de trabajadoras textiles salieron a protestar por las penosas condiciones laborales que tenían en sus trabajos, entre otros eventos (http://bavarodigital.net/2017/03/08/dia-internacional-de-la-mujer-por-que-se-conmemora-el-8-de-marzo/). «¿Pensáis que este tipo de protestas tendrían sentido ahora?». Por supuesto, hubo muchos chicos de la clase que replicaron que «eso ahora no es así, las mujeres pueden hacer todo lo que quieran”. Sí, pero no. A partir de este día, empecé a ser consciente de la realidad que nos rodeaba a las mujeres. Aunque desde 1857 se han dado pasos hacia la igualdad, las mujeres seguimos estando en inferioridad en muchos aspectos. Como soy una mujer de ciencia, me voy a limitar a resumir unas cuantas estadísticas que muestran la discriminación que en pleno siglo XXI sufrimos las mujeres:

Y es que el trabajo gratis en casa “por amor y comida” le sale muy barato al patriarcado. Uno se ahorra unos 30.237 € al año (irispress.es/2015/04/13/ama-de-casa/), que sería lo que costaría según algunos cálculos, tener una persona que hiciera todas las tareas de una ama de casa.

A esto hay que añadir que el negocio del amor romántico (https://www.lamarea.com/2017/08/01/camino-hacia-la-liberacion-del-amor/) de la mujer  resulta muy lucrativo para el capitalismo patriarcal: bodorrios, regalos de aniversarios, san Valentines, etc). Y es que “al patriarcado capitalista sólo interesa la pareja heterosexual joven y en edad reproductiva, que las mujeres busquemos a hombres y formemos una familia bajo la promesa de que teniendo hijos con un hombre lograremos que nos amen eternamente”

Además el capitalismo patriarcal se lucra utilizando el cuerpo de la mujer como objeto, haciéndolo imagen en muchos anuncios publicitarios, en los que en muchos casos salen semidesnudas o en posturas sugerentes, y otras veces exhibiendo claramente agresiones hacia la mujer (https://orbitadiversa.wordpress.com/2013/01/28/cosificacion-sexual).

Sin embargo, todo esto no es más que una consecuencia de un montón de prejuicios y tradiciones arraigados fuertemente en la sociedad y que se manifiestan DIARIAMENTE en la vida de muchas mujeres en forma de MICROMACHISMOS (https://elpais.com/elpais/2018/03/07/icon/1520426823_220468.html?id_externo_rsoc=FB_CM). También: https://feministailustrada.com/2016/01/28/25-micromachismos/.  De toda esa lista, los que yo recibo o he recibido más habitualmente son:

1/ Compañeros o amigos hombres me han explicado algo que han asumido que yo no entendía, aunque yo lo supiera  mejor que ellos (mansplaining).

2/ ¿Y cuándo piensas sentar la cabeza con algún hombre?

3/ ¿Ese vestido no es muy provocador? ¿no llevas mucho escote? No te pongas eso que mis amigos te van a mirar.

4/ Hablas como un marimacho.

5/ ¿Una chica tan guapa y astrofísica?

Y muchas otras resumidas en este vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=C_8s81a_NDk

Así que en definitiva, para acabar con el machismo, primero hay que acabar con los micromachismos, que tan aceptados están muchas veces en diferentes contextos sociales.

Aunque aún queda mucho camino por recorrer hasta la igualdad, mi sueño como mujer es poder ver algún día una sociedad igualitaria en el que las oportunidades y el trato para hombres y mujeres sean las mismas, pero hasta entonces, de una manera o de otra, tenemos que seguir luchando.