A solas ante el Universo

Pregón de Fiestas 2022

A mis queridos paisanos:

En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre me acuerdo muchas veces, hace poco más de 35 años me trajo mi madre al mundo. Como vine un poco de penalti, mis padres se casaron muy jóvenes. Y con una mano delante y otra detrás. Tanto es así, que mi pobre madre se casó con un vestido de novia premamá prestado. Como la mayoría de moteños y moteñas de la época, nací en el hospital Virgen de la Luz de Cuenca. Como era finales de junio, mis tíos y mi abuelo Paco estaban recogiendo los ajos no pudieron venir a conocerme al hospital. En vez de eso, como estaban recogiendo ajos en una tierra en la carretera de Belmonte, a mis padres les pareció muy normal parar en la tierra de camino al pueblo para presentarles a la Elena con un día de vida. Ese fue oficialmente mi primer día de campo.

Antes de que mis padres se pudieran comprar su propia casa de protección oficial en la que aún vivimos, vivimos en seis casas diferentes de alquiler. Pero de la primera casa que tengo memoria, es de vivir ¨anca Coquero¨, en la calle Santiago Martínez. Donde hacía mucho frío en el invierno y mucho calor en el verano. Allí nació mi hermana Ana Belén, y el colegio de El Pilar fue el primero al que fui. Tuve muy buena suerte, ya que mi primera maestra fue la señorita Isabel, que me enseñó algo tan importante en mi vida como LEER. De allí, a mis padres les concedieron de rebote su soñada casa de protección oficial a las afueras del barrio de Santa Rita. Todavía me acuerdo de aquella mudanza en la que mis padres llevaban con el tractor y el remolque los pocos muebles que teníamos en la casa de Coquero. 

Mi casa nueva de la calle El Tejar era lo mejor, y no porque fuera mi casa nueva, sino porque nos mudamos a vivir a una calle aún sin asfaltar, y con un montón de eras alrededor que me permitieron realizar ¨mis primeras labores científicas¨. En las eras en otoño e invierno había un montón de tierra que batir hasta que se hiciera de noche. Había tejas viejas y ladrillos que yo los usaba para construir mis ¨cabañas¨. En primavera salían todas las margaritas, las amapolas, las malas hierbas, los cardos y los bichos. A mi lo que me gustaba era chismorrear todas esas cosas nuevas que la naturaleza de mi era ponía a mi disposición. En fin, como podéis ver, de pequeña yo era, como decía mi abuela Isidra una chicota mu trastosa y mu licenciá. Ay… mis abuelas… de los mejores recuerdos que tengo de niña han sido de los días que pasaba con ellas. Lo reconoceré eso es en parte porque me consentían y me dejaban hacer casi todas las trastadas que quería. Y si no preguntadle a mi abuela Rosario sobre cuando le quemé las fuelles, cuando le corté las cortinas del cuarto de estar o cuando un día le llené la cocinilla de harina diciendo que iba a hacer una llueca… Además de eso, muchas veces estaban también mi hermana y mis primas Gema y Ángela que tampoco se escapaban de mis fechorías. El único sitio donde sí que no me atrevía a liarla mucho era en la escuela. Sabía que si el maestro o la maestra le decía a mi madre que había dado guerra cataba la zapatilla seguro. Así que supongo que por eso decidir que lo mejor era estudiar. Por eso, y por la singular manera que tenía mi padre de motivarme. Pero ya os hablaré de eso más tarde…

En la escuela de Santa Rita tengo particularmente buenos recuerdos. Allí fue donde una tarde de primavera nuestro maestro don Aníbal nos habló por primera vez de la Astronomía en una clase de Conocimiento del Medio de tercero de primaria. Nos contó que el Sol es una estrella igual que las que vemos por la noche en el cielo, sólo que estaba tan cerca que nos alumbraba todos los días y permitía la vida en la Tierra. El único planeta que hasta ahora conocemos con vida. También nos dijo que era posible que hubiera otros planetas alrededor de esas otras estrellas que veíamos en el cielo por la noche, pero que aún no se habían descubierto. Eso eran mediados de los 90. Hoy en día se conocen alrededor de 5000 planetas alrededor de otras estrellas. A mí, la idea de que existiera un Universo fuera de la Tierra, más allá de lo que nunca podría llegar a tocar, me obsesionó tanto, que desde entonces no he podido pensar en otra cosa… Después de ese día, El Universo se convirtió en mi gran fuente de preguntas a las que buscarles respuesta. Las siguientes navidades para los siguientes Reyes mi tío Rafa, que siempre me ha dado alas, me regaló mi primer telescopio. A partir de ahí, no hubo libro de astronomía de la biblioteca del pueblo que no haya leído. Y es que os recuerdo que en los años 90 no había internet. Nuestra mayor fuente de información era la tele y la radio, y si no salía ahí, era porque no existía. Como los astrónomos no hemos sido nunca precisamente estrellas de Hollywood, os podéis imaginar la cara que me puso Vicente (mi padre), el día que le dije que iba a ser astrónoma, con tan solo 10 años. Mi padre, igual que mi abuelo Paco, eran hombres prácticos del campo, y obviamente le preocupaba mucho dos cosas (aunque aquí entre nosotros, que sepáis que no me lo dijo nunca): una que de verdad astrónoma fuera una profesión, y otra que me fuera a dar de comer. Así que yo creo que más bien lo que pensó es ¨ya está otra vez la chicota con sus pájaros en la cabeza…¨, y esperó que un día me viniera el conocimiento y me decidiera a aficionarme por un trabajo ¨normal¨…. Vamos, que por lo que yo creo, a ojos de mi padre, lo de ser astrónoma y lo de que don Quijote fuera un caballero andante eran, pizca más o menos, la misma locura.

Foto del después del pregón de fiestas 2022 de Mota del Cuervo junto con el Alcalde Jacobo Medianero

Esperaros que me acabo de dar cuenta de que no os he hablado de mis veranos… los veranos de mi infancia era mi época favorita del año: me mandaban a Santa María a casa de la abuela Isidra, porque mis padres estaban trabajando en el campo. Allí tenía yo vía libre para hacer todas las trastadas que se me pudieran ocurrir. Me pasaba el verano en la piscina con la tía Maribel, y jugando en la calle por las noches con mis primas segundas a ser la Laura Pausini, a cantar la Macarena, el Tractor Amarillo, o la de ¨Ay, que pena me da que se me ha muerto el Canario¨… Los veranos también me encantaban porque hacía buenas noches y yo podía salir a ver las estrellas al patio de mi abuela. Todos los agostos le daba la brasa a mis padres para que fuéramos a los Molinos a ver las lágrimas de San Lorenzo. Y me llevaban, pero si a los cinco minutos no habíamos visto ni una estrella fugaz a mi padre se le acababa la paciencia y decía: ¨¡vamónos chicota, que aquí no se ve na´ y yo mañana tengo que ir de campo!¨

Luego cuando fui creciendo, el verano de antes de que empezara a ir al instituto, mis padres decidieron que la chicota ya estaba grandecita para echar una mano en la casa y en el campo. Así que ese año me apuntaron a la cuadrilla de cortar ajos de mi padre en la era de enfrente de mi casa…. Allí estaba yo con 12 años intentando hacerme 5 o 6 cajas de ajos al día… a 150 pesetas la caja de ajos, podéis echar la cuenta del dineral que me saqué ese año cortando ajos. 

A finales de julio mi madre se tenía que ir como todos los veranos a la cooperativa de los ajos a sacarse el jornal, así que mi hermana y yo nos quedábamos en casa. Nuestras tareas eran quitar el polvo, pasar la mopa, tender la ropa y fregar los cacharros después de comer. Y después de eso a repasar un poco para que no se olvide lo que estudiamos el año anterior… vamos, que los tiempos de barra libre de piscina en verano se nos habían acabado. Todos los veranos hasta el primer año que estuve en la Universidad fueron así. Bueno, con el tiempo me empezó a cundir un poco más lo de cortar ajos, y las tareas en casa se iban incrementando: aprendí a poner lavadoras, a cocinar y a todo lo demás. Ya me lo decía mi madre: ¨¡anda, hermosa, cuando te vayas a la universidad a ver quién te va a guisar!¨

Durante el instituto fue en realidad cuando me dio por empezar a comerme los libros. No porque me gustara comer papel, sino porque de verdad me interesaba todo lo que ponía en ellos. En el instituto tuve profesores maravillosos, que siempre me motivaron a alcanzar mi sueño de una u otra manera. Especialmente, a escondidas, disfrutaba los profesores que me ponían su asignatura como un reto. No me atraían las cosas fáciles, ni lo que todo el mundo hace. Me gustaban los retos ¨raros¨ o ¨diferentes¨ que a priori al resto de la gente le imponen… Un día, estando en 4º de la ESO, llega el profesor de Historia a clase, Jose Enrique, muchos os acordaréis de él, y nos dice: ¨bueno, aquí os traigo la información por si a alguno os interesa sobre cómo participar el la Ruta Quetzal con Miguel de la Quadra-Salcedo. Si os dan el premio este año van a la República Dominicana y a Puerto Rico. Pero yo diría que no os molestéis. Es casi imposible que os lo den a ninguno de aquí…¨ Uf, cómo es eso de que no nos molestemos… ¨Reto aceptado…¨. Un par de meses después, y siendo honesta, yo tampoco me lo podía creer, me enviaron una carta gigante con un montón de información diciendo que ese verano iba a hacer la Ruta Quetzal. Y me fui a la República Dominicana y a Puerto Rico con Miguel de la Quadra-Salcedo. Bueno, eso a pesar de que mi padre casi no se lo podía creer, y de que estuvo a punto de no dejarme ir… En ese viaje, que da para un libro entero, era una de las pocas personas que subía a un avión por primera vez… Allí fue donde me surgió la chispa exploradora que hasta hoy en día hace que viva constantemente fuera de mi zona de confort. Pero bueno, que para ser prevenidos y por si acaso se me quitaban las ganas de estudiar, mi padre siempre me recordaba: ¨que si no quieres estudiar no pasa na, hay mucha faena en los ajos…¨

Los dos últimos años que pasé en el pueblo antes de irme a la Universidad fueron duros: clavaba codos como nunca para prepararme para la Universidad. El año de antes, estando ya en 2º de bachillerato y viendo mi padre que yo seguía con la idea de ser astrofísica, intentó convencerme de que hiciera esto otro o aquello, que era mucho más fácil y tenía ¨muchas salidas¨. Mi madre se ilusionaba con que estudiara medicina… el de biología me decía que por qué no hacía biología, la de lengua que estudiara literatura hispánica… En fin, como podéis ver, no le hice caso a nadie, y seguí para adelante con mi idea, a pesar de que en aquél entonces estudiar C.C. Físicas o astronomía parecía que sólo valía para enseñar… como bien sabéis, hoy en día Físicas y Matemáticas son de las dos carreras con la nota de corte más altas, porque resulta que en la era de internet, los físicos y los matemáticos somos muy útiles para las empresas.

A partir de ahí ya sabéis muchos de lo que ha ido mi vida: estudié 6 años en la Universidad Complutense de Madrid, donde me saqué la licenciatura en Físicas y el máster en astrofísica. Durante estos años, los veranos trabajaba dando clases para sacarme unas perrillas para sobrevivir durante el año, porque la beca del Gobierno, aunque ayudaba mucho, no daba para vivir todo el año en Madrid. Cuando terminaba los exámenes de septiembre, me venía a la vendimia con mi padre, porque el dinero en casa nunca ha sobrado, y conmigo y con mi hermana se ahorraba pagar dos jornales. De hecho, me acuerdo el año que me licencié de la carrera… Era septiembre. Me dieron el aprobado de la última asignatura, y corriendo llamé a mi padre para contárselo: ¨papa, papa, que ya he aprobado la última asignatura, ya soy licenciada en físicas!¨. A lo que mi padre contestó: ¨¡venga licenciá, pues vente pa el pueblo que hay que vendimiar!¨.

El año siguiente, una vez acabé el máster, me fui a vivir a Alemania para empezar mi tesis doctoral en astrofísica. Ahora sí empezaba lo bueno. Desde entonces, me han pasado las mejores y las peores experiencias. En Alemania aprendí a ser astrónoma, aprendí alemán… y también aprendí que las mujeres éramos una minoría en la ciencia. Es más, se palpaba en el ambiente que las mujeres no éramos reconocidas igual que nuestros compañeros hombres en este campo. Eso me frustraba mucho, pero también disparó en mi ese gusanillo tan loco que me entra y que me hace pensar lo de ¨RETO ACEPTADO¨. Así que después de acabar mi tesis doctoral, unos años después, y a pesar de que mi director de tesis era uno de los que pensaba que las mujeres no valíamos para hacer ciencia, yo seguí adelante. Eso significó irme de Alemania, dejar a mis amigos de los últimos años y cambiar totalmente de vida. No me fue mal porque me vine a Tenerife, que es un sitio maravilloso. Lo peor es que sabía que casi seguro que en Tenerife no iba a quedarme más de uno o dos años. Es lo que tienen las estancias postdoctorales y la precariedad de los científicos en el sistema español. Ese año 2015, además, como ya sabéis, mi padre se nos fue en un accidente laboral… eso me hizo plantearme muchas cosas: cuando se me acabe el contrato en Tenerife, ¿me voy al extranjero otra vez, y dejo a mi madre sola…? Pero sabía que si me quedaba en España probablemente tuviera que dejar la investigación y la astronomía… Al final pensé, que como bien nos demostró mi padre, uno se puede quedar en el mismo sitio donde va a trabajar todos los días, en cualquier momento y sin previo aviso. Y todo sin salir de tu pueblo…. Así que decidí que iba a comerme el mundo, y a luchar por mi sueño…

Con esa idea en mente, en el verano de 2016 me mudé para EE.UU en busca del famoso ¨sueño americano¨. Me mudé a Tucson, en el desierto de Arizona, a 1 hr de la frontera con México. Mudarse a EE. UU. no fue fácil: otra vez dejar toda tu vida atrás, mi familia justo después de fallecer mi padre, y además los comienzos allí no fueron fáciles. El ambiente en la universidad de Arizona era algo hostil, y además el primer apartamento en el que viví tenía nada más ni nada menos que ¡CHINCHES! Con el paso de los meses y una vez encontré otro apartamento, me fui acostumbrando a vivir allí. Aún así, el trabajo y mi jefe eran bastante demandantes. Tuve que aprender a trabajar a su manera, y a usar las críticas que me hacía en mi propio beneficio. Además, en el equipo entero de unas 10 personas, éramos sólo 2 mujeres… 

A los dos años y medio, de Tucson me mudé a Hawaii después de conseguir mi primer contrato fijo como astrónoma en el observatorio Keck, con dos telescopios gigantes de 10 m. Esto era algo que en Europa era casi imposible de tener con mi edad. Os podréis imaginar Hawaii como un sitio paradisíaco, que lo es, muy parecido a las islas Canarias. La gran diferencia es que está a nada menos que a 14000 km de España. Está en medio del océano Pacífico. Dos días enteros de viaje. El trabajo era de noche, ¡porque soy astrónoma! En Hawaii éramos también 2 mujeres en un grupo de 11… Pronto descubrí que en realidad trabajar por las noches era muy divertido un par de veces al año, pero no para toda la vida, y menos tan lejos de casa. Así fue como en 2020, en plena pandemia, me salió la oportunidad de trabajar con la Agencia Espacial Europea y la NASA en el telescopio espacial James Webb en Baltimore, cerca de Washington D.C. Así que sin pensarlo dos veces, me mudé en plena pandemia a un sitio nuevo. Vida nueva otra vez. Pero no puedo estar más contenta de esa decisión, porque ahora mismo tengo realmente EL TRABAJO DE MIS SUEÑOS. ¡Qué digo! ¡Jamás me pude imaginar algo así! Por eso, el único consejo que puedo daros es que sigáis a vuestro corazón a la hora de tomar decisiones y no tengáis miedo a enfrentaros a los retos de la vida. NADIE sabe mejor que vosotros lo que queréis. Y por supuesto, que siguiendo a vuestro corazón OS LO CURREIS, que déis lo mejor de vosotros, porque os va a merecer la pena.

Hoy espero ser un ejemplo de que si una moteña, si se lo propone y tiene un sueño, puede llegar a conseguirlo. A pesar de venir de una familia donde nunca ha sobrado el dinero. A pesar de no tener referentes a los que seguir. A pesar de que a mi padre no le hacía mucha gracia. A pesar de querer hacer una carrera que en teoría NO ES PARA MUJERES… aquí estoy hoy. 

Pero no nos engañemos, uno nunca consigue las cosas solo. Como dijo el gran físico Stephen Hawkins, he llegado donde estoy porque he caminado a hombros de gigantes. Esos gigantes para mí son los siguientes: primero, al sistema público de educación, sin el cuál no podría haberme costeado los estudios. Pero sobre todo fueron  mis padres, por apoyarme a pesar de no entenderme mucho, y por ser un ejemplo de trabajo duro y perseverancia. A mi hermana, por estar siempre ahí. A mi tío Rafa, por darme alas. A mi maestra Pili y tantos otros maestros y profesores que me apoyaron,  y por enseñarme el universo. Y a mis compañeros y amigos que tantos codos clavaron conmigo en la carrera y más allá, especialmente a David, mi hombre del tiempo. Y también a mis jefes, a los buenos y a los malos, porque de todos aprendí algo. Y también a todas las científicas que luchan por visibilizar a las mujeres en la ciencia. Porque la ciencia es de todos y de todas. 

Finalmente decir, que yo sólo puedo ser el ejemplo de una cosa, pero que tenemos muchos moteños y moteñas que son de lo mejorcito en sus campos: ciclistas, nadadores, atletas, periodistas, matemáticos… Visto esto, me gustaría preguntar a nuestros moteños y moteñas más jóvenes: y vosotros, y vosotras, ¿a dónde queréis llegar? Hoy, os animo que, aunque parezca imposible, luchéis de corazón por vuestros sueños…. Porque los límites, al igual que los miedos, a menudo son una ilusión…

Hoy me gustaría acabar con la reflexión que hizo el gran astrónomo y divulgador Carl Sagan cuando vio esta foto de la Tierra, hecha por la Voyager 1 en el año 1990. En esta foto se ve nuestro planeta, diminuto, como una mota de polvo azul:

Imagen de la Tierra vista desde Saturno tomada por la Voyager 1 en 1990 que motivó la reflexión de Carl Sagan

Mira ese punto. Eso es aquí. Eso es nuestro hogar. Eso somos nosotros. En él, todos los que amas, todos los que conoces, todos de los que alguna vez escuchaste, cada ser humano que ha existido, vivió su vida aquí. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de religiones seguras de sí mismas, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, niño esperanzado, inventor y explorador, cada maestro de la moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie, vivió ahí – en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.

La Tierra es un escenario muy pequeño en la vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que en su gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades cometidas por los habitantes de una esquina del punto sobre los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina. Cuán frecuentes sus malentendidos, cuán ávidos están de matarse los unos a los otros, cómo de fervientes son sus odios. Nuestras posturas, nuestra importancia imaginaria, la ilusión de que ocupamos una posición privilegiada en el Universo… es desafiada por este punto de luz pálida.

Nuestro planeta es una solitaria mancha en la gran y envolvente penumbra cósmica. En nuestra oscuridad —en toda esta vastedad—, no hay ni un indicio de que vaya a llegar ayuda desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos. La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Asentarnos, aún no. Nos guste o no, por el momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos. Se ha dicho que la astronomía es una formadora de humildad y carácter. Quizás no hay mejor demostración de la soberbia humana que esta imagen distante de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos más amablemente los unos a los otros y de preservar y apreciar el pálido punto azul, el único hogar que hemos conocido.

Con esto sólo me queda decir, que aunque no soy mujer de fe, como agradecimiento por darme su apellido diré:

¡Viva la Virgen de Manjavacas!

¡Viva el pueblo de La Mota!

¡Y Viva los moteños, pero sobre todo las moteñas! 

5 respuestas a «A solas ante el Universo»

  1. Me ha encantado el pregón y me siento orgullosa de ser medio moteña y casi vecina tuya.
    He reconocido en tus palabras todo lo que yo amaba en el pueblo cuando venía desde Madrid: el olor de los ajos en julio y el del mosto fermentando en septiembre, los dichos del pueblo y mil cosas mas que siempre he llevado conmigo.
    Te deseo muchos éxitos. Te lo mereces.

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  2. Buenos días Elena,

    Soy tu paisano José Manuel González Mujeriego, autor de varios libros sobre Mota del Cuervo como ese «Lugar de la Mancha» del que Cervantes no quiso acordarse.

    Tuve la ocasión de disfrutar de tu magnífico pregón. Enhorabuena. Tiene mucho mérito lo que haces. Te felicito.

    Aunque soy de formación farmacéutica, y he desempeñado mi labor profesional como Director Comercial, en dos grandes bancos a nivel nacional, ahora jubilado y viviendo en Majadahonda. Soy un estudioso de El Quijote. Pertenezco a la Asociación Internacional de Cervantistas, suelo ir a todos los congresos, el penúltimo en Sao Paulo (Brasil), al que asistí con mi querida esposa. ahora fallecida.

    Soy autor del libro «Lo que Cervantes calló» Cultivalibros 2014, en donde defiendo las muchas razones por las que Cervantes se refería a Mota del Cuervo, como ese lugar de la Mancha. No solo en El Quijote, sino también en el Persiles (la obra póstuma de Cervantes), cuando sitúa a sus protagonistas en Quintanar de la Orden y les hace dirigirse hacia Valencia y, cuando llegan al siguiente pueblo -sin duda Mota del Cuervo- y vuelve a decir aquello de que «llegan a un lugar no muy grande ni muy pequeño, de cuyo nombre no me acuerdo».

    Mi último libro es el «Diccionario Moteño Cervantino» en donde recojo esa forma de hablar de los moteños, tan característica. Empleamos vocablos que prácticamente están en desuso, pero que los utilizó Cervantes en su obra magna.

    Puedes ver más información en mi blog http://www.motadelcuervoellugardelamancha.com.

    Tu que eres una persona viajada, te invito a que cuando estés en esos confines de la tierra, cuando te pregunten sobre tu origen, pruebes a decir que eres del «lugar de la Mancha». Te aseguro que todo el mundo ha oído hablar de ese lugar.

    De nuevo, enhorabuena por tus logros profesionales.

    Un fuerte abrazo.

    José Manuel González Mujeriego. Tfno. 687548531

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    1. Hola José Manuel,

      ¡Muchas gracias por tu mensaje! Me alegro mucho de que te gustara el pregón. Desde luego lo hice con el corazón puesto en mi pueblo y en esas vivencias que nos conectan.
      Leí tu libro ¨Lo que Cervantes calló¨ hace muchos años. He leído El Quijote varias veces y siempre he querido aprender más. Soy de ciencias, pero siempre me ha atraído mucho la literatura, y me gusta mucho escribir, por eso me puse a escribir mi blog. De hecho, yo siempre digo que soy del ¨lugar de La Mancha¨. Tendré que leerme cuando tenga la oportunidad el ¨Diccionario Moteño Cervantino¨, seguro que lo disfrutaré.
      Muchas gracias y enhorabuena a ti también por tu obra.

      Un abrazo,

      Elena.

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  3. Buenas tardes Elena, Muchas gracias, por enviarme el pregón de las fiestas de este año, pues me fue imposible asistir, y me apetecía escucharte. Me dijeron que estuvo muy bonito, esta tarde me lo leeré. Un saludo guapa.- ________________________________

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