A solas ante el Universo

Volver

Volver, como la película de Almodóvar. Esa que ocurre en un pueblo de La Mancha como el mío, y que tan bien refleja la realidad de vida de la parte del mundo en que nací. Desde que llevo en EE.UU., cuando se acerca el fin de la primavera y el inicio del verano, el cuerpo me pide volver a mi tierra natal, y recordar de dónde vengo, así que ningún año perdono las vacaciones de verano (o un intento de). No sé si será por las 30h de viaje, o por el jetlag, pero es curioso cómo mi percepción de la realidad cambia antes del viaje, en los primeros días que estoy allí, y luego ya en los últimos. Antes del viaje me imagino cómo va a ser todo cuando llegue: el aeropuerto de Madrid, el pueblo, mi casa, mi familia, me imagino comiendo jamón todo el día, sardinas fritas 7 veces a la semana, quiero ir a ver todos mis amigos. Total, aunque estén en Holanda, qué más da, ¡eso está a tiro de piedra! ¡Casi lo veo desde mi pueblo! Pero en realidad a la llegada, después de 30h de viaje, casi no reconozco a mi madre porque si me quedo parada de pie me duermo. Las 30 historietas que le tenía preparados a mi hermana también se me han olvidado porque tengo el cerebro KO, y lo de ir a ver a amigos por Europa se me hace misión imposible. El calor me abruma, y llegar al pueblo casi parece un sueño, eso es, estoy soñando y tengo fiebre, por eso tengo esa sensación tan rara. Al día siguiente, a una hora indefinida para mi cuerpo, porque me he despertado varias veces por la noche sin saber qué hora era ni dónde estaba, la realidad se hace más palpable. De alguna manera son las tantas del mediodía y mi cuerpo sigue sin saber bien dónde está, como un pez al que sacan del agua. Después de desayu-comer mi comida favorita que tenía idealizada, me doy cuenta de que aún me acuerdo del sabor de las sardinas, y que en el fondo no las echaba tanto de menos. Al fin y al cabo, el poke de ahí[1] está bastante bastante rico. Después del café, vamos a hacer el plan del verano por excelencia en los pueblos de La Mancha: ir a la piscina municipal. Aquello está de bote en bote: niños, adolescentes, adultos (hombre y mujeres), y personas mayores a tutiplén. Vamos, que encontrar un sitio en el césped a la sombra es todo un reto, y meterte al agua también… Como no sabía en qué día vivía, me imaginé que era fin de semana, pero luego me di cuenta de que ¡era lunes! ¿cómo lo hace la gente para trabajar e ir a la piscina en el mismo día? Eso es algo impensable en Hawaii (ni en ninguna otra parte de EE.UU.), y eso que la playa está a media hora en coche… Lo mejor es cuando por la noche, ese mismo lunes, sales y las terrazas están llenas de gente tomando tapas y cañas hasta las tantas. Otra cosa impensable donde yo vivo. Con lo cuál, los primeros días de mis vacaciones me pregunto que qué hago viviendo tan lejos, cuando la gente vive tan bien por aquí…

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Los Molinos de Viento de mi pueblo 🙂

Recuerdo que los primeros días que estuve en Tucson no tenía seguro médico porque no había empezado a trabajar (sí, ya te puedes imaginar qué pasa en este país cuando te quedas sin trabajo), con lo cuál, lo que más temía era necesitar ir al médico por cualquier cosa. Me sentía de repente desprotegida y eso me producía bastante ansiedad. Luego además me enteré de que aquí no hay remuneración por desempleo, ni jubilación pública, ni pensiones de ningún otro tipo. Y pensé, “¡guau, cualquiera se queda aquí para toda su vida!”. Todas esas cosas que damos por sentadas en Europa, y que pensamos que nada ni nadie nos va a arrebatar. Pero también muchas cosas eran públicas en EE. UU. hace un par de décadas, y ahora no lo son,  lo cuál quiere decir que las cosas cambian, y también pueden ir a peor si votas al partido equivocado.[2]

Después de varios días de vacaciones y después de hablar un poco más con la gente, te das cuenta de que a pesar de que aparentemente en Europa la gente  tiene muchas cosas gratis o casi gratis (salud, educación y pensiones), de que pueden ir a la piscina un lunes, un martes, un miércoles… y salir de cañas a 1€ por la noche todo el verano, hay mucho inconformismo y también infelicidad. Y, ¿por qué? podría preguntarse cualquiera, y el 90% podría decirte que desde porque hace calor, a porque la vecina se ha copiado mi bañador o porque me toca trabajar el día grande las fiestas del pueblo. Lo cuál indica que la infelicidad o/y el inconformismo no dependen tanto de lo que tengas, sino de lo que seas capaz de echar en falta, ahí está la clave. No se trata de conformarse con cualquier cosa, se trata de valorar y agradecer lo que se tiene ahora, y trabajar por conseguir tus objetivos vitales. Nada de eso involucra a nadie que no seas tú mismo.

[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Poke

[2] U.S. Health Care from a Global Perspective: https://www.commonwealthfund.org/publications/issue-briefs/2015/oct/us-health-care-global-perspective.

40 years of budgets show shifting national priorities: https://www.washingtonpost.com/graphics/politics/budget-history/?utm_term=.3a91048fb9e3

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