A solas ante el Universo

Una manchega empezando a “vivir” en el lejano oeste

 

En Arizona hay catalogadas al menos trece especies de animales potencialmente peligrosas para el ser humano:  la abeja africana, dos tipos de serpiente de cascabel, el ciempiés de bandas del desierto, el escorpión, el oso negro, la viuda negra, la araña marrón, el ciempiés gigante del desierto, el monstruo de Gila, los triatominos (o kissing bug), el león de la montaña y la tarántula. Eso sin contar otros animales como las jabalinas, que también pueden ponerse agresivas si van acompañadas de sus crías. Todos estos animales están sueltos y campan a sus anchas por todo el desierto de Sonora, donde se encuentra Tucson. Cada año se reportan, de media, unas 350 picaduras de serpientes en Arizona*. Y es que en EE.UU., pero particularmente en Arizona, la ley de la selva de toda la vida está a la orden del día, y el débil, por niño, por ser mujer, o por ser pobre o por ser moreno, o por todo en su conjunto es claramente desfavorecido por el sistema capitalista que asume que cada uno tiene lo que se merece y por lo que ha trabajado. De hecho, Arizona, es el quinto estado de los EE.UU. con más niños y adolescentes sin casa·, ¡cuánto derroche de potencial talento! EE.UU. es, definitivamente, el país donde el primer y el tercer mundo se dan de la mano cada día.

javalina
Javalina con sus crías en el museo del desierto de Tucson

Después de unos días ya me sentía más a gusto en mi nueva casa: ya me había acostumbrado a la oscuridad alrededor de mi casa por las noches, y al silencio, sólo interrumpido por las manadas de coyotes que ocasionalmente pasean aullando cerca de mi condominio. La inquilina de arriba, percatándose de que tenía vecina nueva, vino a saludarme y a presentarse muy amablemente, “como en las películas”, pensé yo. Más tarde comprendí, que eso en realidad, es un acto superficial de amabilidad y más bien lo que les interesa fichar y cotillear al prójimo.

Si no quería arruinarme alquilando el tan necesitado coche (ranchera en mi caso, que me valía 500$ a la semana más gasolina), tenía que ponerme cuanto antes a buscarme coche propio. Mi jefe y algunos compañeros me recomendaron ir a mirar coches de segunda mano a los concesionarios del Automall en Tucson. Según ellos, eran más caros, pero te daban ciertas garantías y algo de mantenimiento. Así que me dispuse a ir a la búsqueda de mi nuevo coche. En el primer concesionario que visité, el de Nissan, salió a atenderme un tipo alto, de mediana edad y bastante rechoncho. Yo desde el principio le dejé muy claro que quería un coche que no subiera de 5000$. Él, haciendo oídos sordos, se empeñó en enseñarme coches de más de 10000$, “¿se pensará que no me sé los números?”, pensaba yo. Al final, después de más de media hora viendo coches que se pasaban de sobra de mi presupuesto, le dije: “oiga, señor, pare de enseñarme coches que no pienso comprar. Si tiene algún coche que se ajuste al presupuesto que le dije, me lo enseña, y si no, me voy a otra parte”. El hombre, en lugar de darme una respuesta clara, que es lo que uno esperaría, me invitó a entrar al concesionario para “dejarle consultar” su base de datos. Después de al menos otros 20 minutos, vuelve con unos papeles impresos con los datos de un supuesto coche que tenían por “sólo” 6500$. Yo ya me estaba empezando a poner nerviosa, “¿se pesará que soy tonta?”. Me animó a que lo viera. Yo acepté, pero daba la casualidad de que ahora no me lo podía enseñar. Me dijo que para que me lo prepararan y poder verlo y probarlo, tenía que darles mis datos, fotocopia del pasaporte y ¡¡500$ de adelanto!!. Ahí sí que acabaron con mi paciencia. Me levanté de la silla, y lo dejé plantado. Mientras el hombre salía detrás de mí haciéndome nuevas ofertas: “¡le dejo verlo sin coste alguno!, ¡no hace falta que me deje sus datos!”. Me di la vuelta y le dije: “¡son ustedes unos ladrones!”. Así que salí de allí pitando, me subí a mi ranchera, y me fui al siguiente concesionario. Esta vez salió a atenderme un chico joven, muy amable, aparentemente. En seguida me llevó a enseñarme el único coche que tenían en ese momento con el presupuesto con que yo contaba. Haciendo alarde de amabilidad, me preguntó que de dónde era mi acento: “¡ah, español de España! ¡ya me parecía a mí! Noté que el acento era español, pero pensé que eras demasiado blanca para ser mexicana“. Cara de póker otra vez. Viva los comentarios racistas. No contento con eso, me dio su tarjeta con su teléfono, y me dijo que si tenía cualquier duda le llamara, y que también si me apetecía ir a tomar un café o a cenar. Cara de póker otra vez. “Alucino con esta gente”. Agarré la tarjeta, que más tarde tiré a la basura, y desaparecí de allí. ¡Vaya patraña de gente! ¡yo sólo quiero ver coches! Pero si eres mujer, como podéis ver, aprovechan la menos oportunidad para engañarte o intentar salir contigo. La ley de la selva, guiada por los instintos más animales.

Siguiente concesionario, Hyundai. Me recibe un señor de unos cuarenta años que se llamaba Salvador, de origen mexicano. ¡Por fin alguien con quien puedo hablar en cristiano! Muy eficientemente me enseñó los dos coches disponibles que tenía para mi presupuesto, y además me dejó probarlos. Además, me dijo que sin problemas podía traer a un mecánico que me asesorara si yo quería. ¡Por fin alguien que no me trata como una idiota ni intenta ligar conmigo! Al final, unos días después, acabé comprándole el coche a Salvador, visto lo visto, muy apropiado nombre, pensé.

* https://www.cbsnews.com/news/rattlesnake-bites-arizona-man-in-the-face-neck-after-he-tries-catching-it/

2 respuestas para “A solas ante el Universo”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s