A solas ante el Universo

Una manchega empezando a “vivir” en el lejano oeste

 

En Arizona hay catalogadas al menos trece especies de animales potencialmente peligrosas para el ser humano:  la abeja africana, dos tipos de serpiente de cascabel, el ciempiés de bandas del desierto, el escorpión, el oso negro, la viuda negra, la araña marrón, el ciempiés gigante del desierto, el monstruo de Gila, los triatominos (o kissing bug), el león de la montaña y la tarántula. Eso sin contar otros animales como las jabalinas, que también pueden ponerse agresivas si van acompañadas de sus crías. Todos estos animales están sueltos y campan a sus anchas por todo el desierto de Sonora, donde se encuentra Tucson. Cada año se reportan, de media, unas 350 picaduras de serpientes en Arizona*. Y es que en EE.UU., pero particularmente en Arizona, la ley de la selva de toda la vida está a la orden del día, y el débil, por niño, por ser mujer, o por ser pobre o por ser moreno, o por todo en su conjunto es claramente desfavorecido por el sistema capitalista que asume que cada uno tiene lo que se merece y por lo que ha trabajado. De hecho, Arizona, es el quinto estado de los EE.UU. con más niños y adolescentes sin casa·, ¡cuánto derroche de potencial talento! EE.UU. es, definitivamente, el país donde el primer y el tercer mundo se dan de la mano cada día.

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Javalina con sus crías en el museo del desierto de Tucson

Después de unos días ya me sentía más a gusto en mi nueva casa: ya me había acostumbrado a la oscuridad alrededor de mi casa por las noches, y al silencio, sólo interrumpido por las manadas de coyotes que ocasionalmente pasean aullando cerca de mi condominio. La inquilina de arriba, percatándose de que tenía vecina nueva, vino a saludarme y a presentarse muy amablemente, “como en las películas”, pensé yo. Más tarde comprendí, que eso en realidad, es un acto superficial de amabilidad y más bien lo que les interesa fichar y cotillear al prójimo.

Si no quería arruinarme alquilando el tan necesitado coche (ranchera en mi caso, que me valía 500$ a la semana más gasolina), tenía que ponerme cuanto antes a buscarme coche propio. Mi jefe y algunos compañeros me recomendaron ir a mirar coches de segunda mano a los concesionarios del Automall en Tucson. Según ellos, eran más caros, pero te daban ciertas garantías y algo de mantenimiento. Así que me dispuse a ir a la búsqueda de mi nuevo coche. En el primer concesionario que visité, el de Nissan, salió a atenderme un tipo alto, de mediana edad y bastante rechoncho. Yo desde el principio le dejé muy claro que quería un coche que no subiera de 5000$. Él, haciendo oídos sordos, se empeñó en enseñarme coches de más de 10000$, “¿se pensará que no me sé los números?”, pensaba yo. Al final, después de más de media hora viendo coches que se pasaban de sobra de mi presupuesto, le dije: “oiga, señor, pare de enseñarme coches que no pienso comprar. Si tiene algún coche que se ajuste al presupuesto que le dije, me lo enseña, y si no, me voy a otra parte”. El hombre, en lugar de darme una respuesta clara, que es lo que uno esperaría, me invitó a entrar al concesionario para “dejarle consultar” su base de datos. Después de al menos otros 20 minutos, vuelve con unos papeles impresos con los datos de un supuesto coche que tenían por “sólo” 6500$. Yo ya me estaba empezando a poner nerviosa, “¿se pesará que soy tonta?”. Me animó a que lo viera. Yo acepté, pero daba la casualidad de que ahora no me lo podía enseñar. Me dijo que para que me lo prepararan y poder verlo y probarlo, tenía que darles mis datos, fotocopia del pasaporte y ¡¡500$ de adelanto!!. Ahí sí que acabaron con mi paciencia. Me levanté de la silla, y lo dejé plantado. Mientras el hombre salía detrás de mí haciéndome nuevas ofertas: “¡le dejo verlo sin coste alguno!, ¡no hace falta que me deje sus datos!”. Me di la vuelta y le dije: “¡son ustedes unos ladrones!”. Así que salí de allí pitando, me subí a mi ranchera, y me fui al siguiente concesionario. Esta vez salió a atenderme un chico joven, muy amable, aparentemente. En seguida me llevó a enseñarme el único coche que tenían en ese momento con el presupuesto con que yo contaba. Haciendo alarde de amabilidad, me preguntó que de dónde era mi acento: “¡ah, español de España! ¡ya me parecía a mí! Noté que el acento era español, pero pensé que eras demasiado blanca para ser mexicana“. Cara de póker otra vez. Viva los comentarios racistas. No contento con eso, me dio su tarjeta con su teléfono, y me dijo que si tenía cualquier duda le llamara, y que también si me apetecía ir a tomar un café o a cenar. Cara de póker otra vez. “Alucino con esta gente”. Agarré la tarjeta, que más tarde tiré a la basura, y desaparecí de allí. ¡Vaya patraña de gente! ¡yo sólo quiero ver coches! Pero si eres mujer, como podéis ver, aprovechan la menos oportunidad para engañarte o intentar salir contigo. La ley de la selva, guiada por los instintos más animales.

Siguiente concesionario, Hyundai. Me recibe un señor de unos cuarenta años que se llamaba Salvador, de origen mexicano. ¡Por fin alguien con quien puedo hablar en cristiano! Muy eficientemente me enseñó los dos coches disponibles que tenía para mi presupuesto, y además me dejó probarlos. Además, me dijo que sin problemas podía traer a un mecánico que me asesorara si yo quería. ¡Por fin alguien que no me trata como una idiota ni intenta ligar conmigo! Al final, unos días después, acabé comprándole el coche a Salvador, visto lo visto, muy apropiado nombre, pensé.

* https://www.cbsnews.com/news/rattlesnake-bites-arizona-man-in-the-face-neck-after-he-tries-catching-it/

A solas ante el Universo

Una manchega dejando de sobrevivir y empezando a vivir en el lejano oeste

Aquellos días llovió a mares en el desierto. Había cumplido ya una semana sobreviviendo, que no viviendo, en Tucson. Al menos, ya había empezado a sentirme algo más cómoda en general: las picaduras de los chinches habían empezado a mejorar bastante con la medicación que me había dado la doctora, mis piernas ya tenían un tamaño casi normal, aunque aún seguía teniendo las varias decenas de señales moradas de las picaduras por las piernas. Al menos ya no me picaban, lo cuál era un gran alivio. El hotel en que me estaba quedando era muy cómodo, y además tenía todo lo que necesitaba para lavar toda mi ropa y secarla, para asegurarme que ninguno de esos chinches quedaba vivo por ninguna parte. Aun así, nadie puede asegurarte al 100% que no quede ninguno vivo… he llegado a leer que los puñeteros son capaces de vivir sin comer hasta ¡¡1 año!! Así que nunca me quedé tranquila del todo…

Durante esos días, aprovechando la lluvia, hice una lista de apartamentos que visitar por todo Tucson. Los consejos que me dieron para seleccionar a los candidatos fueron los siguientes: no busques apartamento más al sur de la calle 22, hay mucha criminalidad ^, mejor busca en la parte norte, a las afueras de la ciudad, aunque vas a tener que comprarte un coche antes que los muebles de la casa (visto lo visto, JAMÁS se me ocurrirá irme a vivir a una casa amueblada de alguiler). Cerca de la universidad mejor ni busques, está todo lleno de estudiantes§ y en general todo es más caro y de peor calidad. Yo al principio no entendía cuál era el problema de que hubiera estudiantes de la Universidad viviendo cerca. Luego ya entendí que el concepto que tienen en este país de “ir a la Universidad” es totalmente diferente del que tenemos en Europa en general. En Europa la gente que va a la Universidad va realmente a estudiar, con sus excepciones claro. Además, prácticamente todo el mundo tiene acceso a la Universidad. Aquí el concepto es totalmente diferente. La Universidad es privada y la matrícula cuesta varias decenas de miles de dólares. Además, debido a que todo el mundo paga un dineral, se da por supuesto que todo el mundo tiene que, no sólo aprobar, sino que además sacar buenas notas. Sobre todo si el/la estudiante en concreto está jugando para el equipo de fútbol americano/basket/softball/natación/hockey/tenis, etc, etc, de la Universidad. En ese caso, hasta se les “ayuda” porque los “pobres” están muy “ocupados” con sus respectivos deportes. Y es que, la mayor fuente de dinero para las universidades en EE.UU. son los deportes. Todo el mundo está loco por ver los deportes de la universidad y pagan bastante dinero para ir a los partidos. Esto significa que en EE.UU. las universidades están para: venir a hacer deporte,  venir a buscar futuros contactos/amigos para hacer negocios en el futuro a través de las fiestas universitarias, venir a buscar novio/novia en tu fraternidad, y luego, a estudiar. ¿Y cuáles son las vías de entrada a las universidades de EE.UU si las matrículas son tan caras? 1/ eres un genio y te dan beca, 2/ te apuntas al equipo de tenis/basket/fútbol americano o el deporte que sea y se te perdona la matrícula 3/ te apuntas a las “cheerleaders”, 4/ te endeudas con el banco hasta las cejas para los próximos 20 años, 5/ papi paga.

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Cheer Leaders de la Universidad de Arizona

Total, sabiendo todo esto, me alquilé un “coche”§ y me dispuse a buscar apartamento por el norte de Tucson. Visto lo visto, cualquiera no seguía los consejos que me habían dado… Así que agarré mi ranchera y durante ese fin de semana me dispuse a visitar todos los apartamentos que pudiera, previa consulta de todos los reviews que me encontrara de esos apartamentos por internet. La búsqueda fue en verdad una odisea: todo el mundo era “super simpático”&, pero en general casi todos sitios tenían unos reviews penosos: o habían robado coches, o había ratas, o había cucarachas, o escorpiones… lo menos grave que la gente escribía es que la piscina de los apartamentos estaba sucia o que el jacuzzi no tenía burbujas… Y si no había malos reviews te pedían 1000$ al menos por un apartamento de una habitación… Después de varios días buscando, me decidí por uno… estaba en un sitio maravilloso, donde creo que se concentran el 10% de los árboles que hay en todo Tucson… me decidí por un apartamento en un segundo piso, pero luego me dijeron que “no iba a estar disponible hasta dentro de 2 semanas” y que  me ofrecían otro por sólo casi 100$ más al mes. ¡Siempre alguna excusa para hacerte pagar más por algo que saben que quieres! Pero como no podía quedarme eternamente en mi hotel lujoso, acepté. El apartamento que me dieron era un bajo, con unos ventanales muy bonitos, pero sin barrotes. Eso como española me chirriaba un poco, porque me imaginaba a cualquier ladrón tirando una piedra y entrando a robar a mi casa… pero bueno, ya se sabe que en EE.UU. la ley es la opuesta a Europa: si alguien entra en tu propiedad, prevalece tu derecho a “protegerla”, con lo cual, puedes darle un tiro, matarlo, y todo el mundo te aplaudirá, porque estás “defendiendo tu propiedad”. Eso como europea no me dejaba nada pero que nada tranquila, ya que comprarme un rifle de asalto no estaba entre mis planes más inmediatos, ¡lo que me faltaba! Las señoras que me enseñaron el apartamento me juraron y perjuraron que ahí nunca pasaba nada, y que después de las 9 de la noche, los únicos que merodean por el conjunto son los coyotes.

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Nueva casa en Tucson

Unos días más tarde me mudé a mi nueva casa. Estaba totalmente vacía, con excepción de los muebles de cocina. Había eco. Pero el apartamento tenía muy buen aspecto. Los siguientes días, aunque dormí en un colchón inflable durante al menos 2 semanas, los disfruté bastante, más por el día que por la noche: por el día pasaban delante de mi ventana todo tipo de animales, pajaritos, palomas, conejos, alguna mofeta… por la noche sólo oía pasos… pasos de jabalíes, alguna lechuza, y a ratos gritos y voces… al principio me pareció (honestamente), gente de fiesta, y luego me dijeron que eran coyotes. Daba algo de miedo… sólo se oía el silencio de la noche, y de vez en cuando los coyotes aullando en la soledad de la noche… *

^ Estadísticas de criminalidad de Tucson: https://www.tucsonaz.gov/police/statistics

 § El “coche” más pequeño que tenían era una ranchera Nissan gigante en la que cabían 2 vacas porque el resto de coches los habían alquilado para el fin de semana…

& Ese “super-simpático” que gasta la gente en este país cuando quiere venderte cualquier cosa, pero en verdad, una vez que compres “si te he visto no me acuerdo”.

* Aullido del coyote: https://www.youtube.com/watch?v=2RMGGV32raE

A solas ante el Universo

Una manchega como niña y mujer en la ciencia

 

En los años 90, cuando yo hacía mis cursos de primaria, nadie me enseñó la palabra feminismo. Sería porque aún no era una palabra común en el vocabulario de aquel lugar de La Mancha de cuyo nombre, hoy en día, me acuerdo demasiadas veces.

La primavera en la que descubrí la existencia de la astronomía como ciencia  (corría el año 1996) nunca me planteé si esa mi nueva inquietud era “algo de hombres” o “de mujeres”. Sí que recuerdo, sin embargo, que la portada de aquel tema de Conocimiento del Medio en el que por primera vez oí hablar de los planetas, del Sistema Solar y del Universo tenía el dibujo de un astrónomo (hombre), mayor, con canas y pelo a lo Einstein que trabajaba en la soledad de la noche con su telescopio. Obviamente, no era consciente del mensaje subliminar que aquel libro que pretendía educarme me estaba enviando. No fue hasta mi pre-adolescencia que empecé a darme cuenta de que a los chicos y a las chicas se nos exigía y se esperaba de nosotros cosas diferentes, simplemente porque “así había sido toda la vida”. Las diferencias empezaban en mi casa: mi padre trabajaba en el campo durante todo el año, y cuando llegaba a casa por la tarde se daba una ducha y se iba a tomar algo con los amigos. Mi madre era ama de casa, todo el día preparando comidas, haciendo lavadoras y limpiando. Vamos, al servicio de la familia sin cobrar un duro. Durante el verano, mi madre también trabajaba en el campo, pero a diferencia de mi padre, al llegar a casa de trabajar, además le tocaba hacer las tareas domésticas básicas para que al menos hubiera algo que comer al día siguiente y tuviéramos ropa limpia. A mi hermana y a mí, a partir de cierta edad, también se nos empezó a exigir ayudar en las tareas domésticas de la casa, para “ser mujeres apañadas cuando fuéramos mayores”. No hay cosa peor vista en un pueblo, incluso hoy, que una mujer que no sepa hacer como dios manda las tareas del hogar… o no sepa cocinar. Eso tampoco nos libraba de tener que ayudar también en el campo durante los veranos… mientras, en el colegio, los niños y las niñas empezaban a mostrar sus tendencias en cuanto a gustos por sus trabajos futuros: las niñas, cantantes, modelos, bailarinas… los niños, futbolistas, camioneros, alguno quería dedicarse al campo como su padre… y luego estábamos las raras:  había una compañera que quería dedicarse a la política, y yo, que quería dedicarme a la astronomía. Éramos las empollonas. También había uno o dos chicos que sacaban muy buenas notas, pero ellos eran los inteligentes, no los empollones.

Durante el instituto, empecé a darme cuenta de que las chicas que como yo querían estudiar algo de ciencias en la Universidad eran bastante pocas, cada vez menos, conforme avanzábamos en los cursos de la secundaria. Los dos últimos años, durante el bachillerato, yo por supuesto estaba en la clase de ciencias, en la que éramos probablemente un 30% de chicas, ¡ni tan mal! Pero siempre existía el mismo prejuicio: los chicos que sacaban buenas notas eran inteligentes, las chicas éramos empollonas. El mensaje obvio era que los brillantes son ellos, y si nosotras queremos estar a su nivel, teníamos que trabajar el doble.

En el 2005 empecé la licenciatura en físicas, como todo el mundo me decía, “una carrera de chicos”. “Vas a estar rodeada de tíos muy inteligentes y muy frikis todo el rato”. La realidad que me encontré durante mi primer año en la facultad de C.C. Físicas de la Complutense de Madrid, era más o menos esa: efectivamente la mayoría hombres, como 70%, casi siempre, la mayor nota de la clase la sacaba un hombre. Pero también observé que aquellos que se pasaban más de 8 o 9 años estudiando la carrera (oficialmente de 5 años) también eran hombres. Más adelante, cuando empecé la especialidad de astrofísica, la cantidad de chicas aumentó, ¡éramos el 40%! Eso, por cierto, le encantaba al catedrático que nos “enseñaba” Astrofísica Extragaláctica y Cosmología: le encantaba hacer preguntas en clase, intentando un poco asustar y a veces ridiculizar a su audiencia, sobre todo a las mujeres. Incluso un día llegó a contar en clase como “historia divertida”, como a su mujer, también astrofísica, le quitaron una beca en Inglaterra porque acababa de dar a luz a su primer hijo “¡JAJAJAJAJA!”. Se reía él sólo. Mientras, los demás lo mirábamos con cara de póker. A este hombre también le encantaba llamar a gente (de uno en uno) “para discutir los problemas de la asignatura” en su oficina…  yo no tenía problema en hacer eso en general, de hecho era algo que me gustaba hacer. El único problema, es que este hombre tenía dos denuncias por acoso sexual… Y años después de eso, ahí seguía dando clase. Pero, ¿qué opciones tenía? O iba a su oficina o tenía el suspenso garantizado… Recuerdo la primera vez que fui a “discutir” los problemas a su oficina. Llegué a su despacho, la puerta estaba abierta. Le dije, “hola profesor, vengo a discutir los problemas de la semana pasada…” El vino hacia la puerta, me dejó entrar, y cerró la puerta detrás de mí. Siendo sincera, tenía un susto de muerte en el cuerpo, y no era por los problemas de extragaláctica… Media hora más tarde, acabamos de hablar de los problemas. Yo le di las gracias deseando marcharme de allí. Llego a la puerta. Intento abrir… ¡no se abría! ¡estaba encerrada en aquella oficina con aquél hombre! Sudores fríos… al ver que no podía abrir, él se acercó hacía mí, agarró la puerta, y la abrió. Yo debía tener cara de pánico. Salí de allí dándole las gracias y a toda prisa… ¡menudo mal trago!

Un par de años más tarde, me fui a hacer mi doctorado al instituto Max Planck de astronomía a Heidelberg (Alemania). La proporción de mujeres era más bien pequeña, entre un 20 y 30%, de ellas la mayoría eran de fuera de Alemania. De ellas, la gran gran mayoría dejaron la ciencia después del doctorado. Y no las culpo. En una sociedad que desde pequeña te ha dicho por activa y por pasiva que lo que espera de ti es, sobre todo, que seas una buena madre, prometiéndote con ello la felicidad eterna, parece muy arriesgado decidirse a hacer en general varios postdocs, cambiando de país, ciudad, casa, amigos y compañeros cada 2 o 3 años, para luego quizá con suerte y mucho trabajo, algún día, conseguir una plaza fija en la Universidad del país donde Cristo perdió el gorro.

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Mi grupo de investigación en la Universidad de Arizona, hace 1 año.

Ahora que sigo avanzando en mi carrera, sigo estando rodeada de hombres. Aquí en Tucson, en mi grupo de investigación de unas 10-15 personas (dependiendo de la época del año), soy la única mujer haciendo ciencia. Hasta el año pasado éramos dos. El ambiente, y la vida que de alguna manera te impone el ser científico/a, no ayuda, a: 1/ a que las niñas/mujeres nos interesemos por la ciencia, y 2/ que una vez en ella, decidamos seguir adelante durante mucho más allá de un doctorado. Es verdad que la manera en que funciona la academia o la ciencia está muy mal hecho (en mi opinión): básicamente utiliza mucha mano de obra barata (doctorandos y postdocs), para hacer ciencia durante unos años, pero luego no hay suficientes plazas de profesores o investigadores para ellos. Conclusión, el 90% de las personas que hacen un doctorado dejan la investigación antes o después. Esto quizá sea lo mejor dentro de un sistema capitalista de ciencia, hipercompetitivo y que intenta maximizar el número de publicaciones a toda costa, aunque no sean extremadamente novedosas. Sin embargo, ¿de verdad para el avance de la ciencia lo mejor es maximizar el número de publicaciones a toda costa?

Aún así, no es únicamente la manera en que la academia está diseñada la culpable de la escasez de mujeres en ciencia, de hecho, la razón principal es la educación. Las niñas son educadas de una manera y los niños de otra. Las niñas son educadas para que sean sumisas, serviciales, buenas chicas y se preocupen por ser bonitas. Los chicos para que sean aventureros, competitivos y miren por ellos mismos. El día que la educación sea igual para niños y niñas, el día que tanto unos como otros jueguen con los mismos juguetes, y un color no identifique a unos sí y a otros no (entre muchas otras cosas), disminuiremos las brechas salariales entre hombres y mujeres, los malos tratos, acabaremos con el techo de cristal, las violaciones y tantas otras lacras sociales que las mujeres tenemos que aguantar en pleno siglo XXI por el mero hecho de haber nacido mujeres.

A solas ante el Universo

Cómo sobrevivir en el lejano oeste II

Siempre me había considerado a mí misma una persona persistente. De hecho siempre había pensado que si tenía alguna cualidad que humildemente me identificaba, esa era la persistencia. Persistencia para dar lo mejor de mí misma en el instituto y sacar buenas notas. Persistencia cuando con 16 años tuve la suerte de ir a la Ruta Quetzal· y sobrevivirla (un día hablaré de eso). Persistencia para que mi padre me permitiera ir a la Universidad. Persistencia para pasar mis veranos estudiando Y trabajando a tope para acabar la carrera de Física en 5 años. Persistencia para sacarme un doctorado en un país extranjero, con un supervisor que no ayudaba y otro que me desayudaba. Persistencia para aprender alemán mientras tanto. Persistencia para seguir haciendo investigación a pesar de las zancadillas de la vida… Sin embargo, no APREHENDÍ*, lo que realmente significante el verbo persistir hasta que me mudé a EE.UU.

Aquél mi primer día de trabajo comenzó desde luego con el pie izquierdo. Volví a levantarme comida en picaduras, en aquella cama que lo mínimo que me producía era repulsión, siendo escueta en palabras. Había quedado con mi nuevo jefe, D., así que me levanté, me pegué una buena ducha, y me fui hacia mi nuevo instituto dispuesta a contarle a mi jefe mis peripecias en este lugar en el que se me había ocurrido mudarme. Mi jefe fue muy comprensivo. Me recomendó que me largara ya mismo de ese lugar y que me marchara a un hotel (muy bonito) al lado del campus. Él iba a escribir una carta a la universidad para echarme una mano con los costes del hotel, a pesar de que, salvo excepciones, la universidad sólo cubre los moving costs hasta el momento que uno aterriza en Tucson. A partir de ahí, que Dios te ampare.

Esa misma mañana fui a Urgent Care, el médico de urgencia, para que me confirmara que esas picaduras eran de chinches y me diera algo para la terrible hinchazón de pies y quizá antibiótico, ya que esas picaduras se me habían puesto de un color morado-marrón muy extraño. Aunque la atención fue buena, me hicieron esperar más de 1h, y por supuesto antes de salir me pasaron la correspondiente factura, que ascendía a ¡170$! ¿170$? Todo porque la enfermera me invitó a entrar, me pesó y me tomó la tensión. La doctora SÓLO me miró las picaduras, ni me tocó, y me hizo la receta de las medicinas. Eso fue todo. Además, para comprar las medicinas, tenía que ir a una farmacia a las afueras del campus, la más cercana estaba a 2 millas (40 min a pie) ¿cómo narices iba a irme caminando hasta allí conforme tenía las piernas y con 40ºC afuera? El mundo se me venía encima sólo con la idea de caminar hasta allí… menos mal que estaba Theodora para salvarme… Esa tarde, ella misma me llevó en coche hasta la que ya era mi antigua “casa” para recoger mis bártulos y llevármelos al hotel, aún a riesgo de que los chinches se me hubieran pegado a las maletas y se le pudieran pegar al maletero. Afortunadamente, eso nunca ocurrió. Esa noche al fin, pude dormir en una cama grande y limpia… me sentía como en el paraíso… Aun así, por supuesto no podía bajar la guardia, y la idea de que todos esos chinches se me hubieran pegado a alguna parte me atormentaba, así que, decidí lavar TODA la ropa que tenía en las maletas a la temperatura más alta que diera la lavadora del hotel y secarla igualmente a altísima temperatura. Parece ser, que aun así, puede que los c@#∞÷¬∞∞ de los bichitos sobrevivieran. Tiré a la basura las maletas y me compré unas nuevas. Me dio muchísima pena, ya que una de ellas apenas la había estrenado en el viaje… pero no podía arriesgarme.

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Bonito anochecer de Tucson

Y ahora es donde entra el juego la persistencia. Por supuesto, ni a los adolescentes que atendían “la recepción” del apartamento de los chinches (así lo llamo desde entonces), ni por supuesto a su jefa, les hizo nada de gracia el hecho de que me hubiera largado del apartamento. De hecho me acusaron a mí de haber introducido los chinches y me recordaron, además, muy “amablemente” que el mes de septiembre se acercaba y que debía pagar el alquiler del mes. Por supuesto, esta gente estaba lejos de querer devolverme los 2000$ que ya les había pagado entre depósito y primer mes de alquiler. Les escribí varios emails insistiendo en que quería mi dinero de vuelta, pero se negaron en rotundo. Si me conocéis, y si no también, podéis haceros la idea de la mala uva, por decirlo de un modo suave, que se me puso cuando me dijeron todo esto. Hasta entonces, en todos los apartamentos en que había vivido en Europa, mis caseros habían sido de lo más razonables, y si algo no iba bien, bastaba con hablar con ellos para encontrar un punto razonable. En EE.UU. eso no funciona. Aquí se tira la piedra, se esconde la mano, y se jura por tus muertos que tú no lo hiciste. Da igual si es verdad o mentira. Total, tus muertos están muertos. Lo importante es maximizar la función “a ver cuánto dinero saco”.  Esa es la base de todo en este país. Así que, intentando solucionar todo sin ayuda, los siguientes días me dediqué a estudiarme todas las leyes de alquiler de viviendas en Arizona, nada divertido, sobre todo teniendo en cuenta que todo está escrito en “lenguaje de abogados” (en inglés, claro). Finalmente, después de varios días pensando en la mejor solución, decidí contactar un bufete de abogados. Por 35$ podías consultar tu problema con un abogado durante 30 min. Al menos con el abogado sí que tuve suerte. Hizo un esfuerzo titánico por entender lo que le estaba contando, por teléfono con mi acento español y bajo la situación de nerviosismo en la que me encontraba durante esos días. Además no me cobró nada del tiempo extra que hablamos. Pensé: “alguien con alma en este salvaje oeste, ¡por fin!”. Siguiendo los consejos del abogado, escribí una carta a la empresa que lleva la gestión de mi antiguo apartamento amenazándoles de que si no me devolvían hasta el último dólar que les pagué, les demandaría. Eso sí, el abogado me advirtió de que si aceptaban, aunque sólo fuera devolverme una parte de lo que yo había pagado, agarrara mi dinero y corriera. Demandarles implicaría pagar al menos otros 2000$ por mi parte en abogados, sin ninguna garantía de ganar el juicio. Esto es como jugar al póker. La buena noticia es que la táctica del abogado funcionó, y gané la partida de póker. Eso sí, el cheque con el dinero tardaría en llegarme 4 semanas más…. Mientras tanto, no podía quedarme descansando, en EE.UU. esa palabra no está en el diccionario, y tuve que ponerme además a la búsqueda intensiva de un nuevo apartamento y por supuesto de coche… otras dos odiseas, sobre todo la segunda, que se complica siendo mujer… porque claro está, que si eres mujer y vas buscando comprar un coche sin la compañía de un hombre eres presa fácil para aquellos que te quieren sacar el dinero…

* Aprehender: asimilar conocimientos sin necesidad de estudiar, interactuando con el ambiente.